
El impacto del Aspergillus fumigatus y el cambio climático en la salud pública
Lisa McNeil, una madre de dos hijos de 54 años de Blackpool, con experiencia en la lucha diaria contra una grave infección fúngica, ha compartido su desgarradora historia, lo que nos ofrece un vistazo a la complejidad de las infecciones fúngicas y su conexión con el cambio climático. Desde hace 13 años, Lisa ha sido sometida a un riguroso tratamiento con medicamentos altamente tóxicos para mantener a raya un hongo potencialmente mortal.
Actualmente sufre de una infección en los pulmones causada por el hongo Aspergillus fumigatus, un organismo que abunda en el aire y el suelo, prosperando en lugares cálidos y húmedos como los montones de compost. Este tipo de infección, conocida como aspergilosis invasiva, afecta anualmente a alrededor de 4,000 pacientes en el Reino Unido. La tasa de mortalidad en estos casos puede alcanzar el 85% incluso con tratamiento antifúngico.
El cambio climático y los superhongos
Investigadores de la Universidad de Manchester advierten que el cambio climático está dando lugar a nuevas generaciones de mutantes superhongos que se propagan rápidamente y desarrollan resistencia a los tratamientos más potentes. Aunque las infecciones fúngicas suelen atacar a personas con un sistema inmunológico debilitado, se prevé que estas nuevas cepas amenacen también a personas sanas.
Lisa sospecha que sus problemas de salud comenzaron tras un grave accidente pulmonar en 1997, mientras estaba embarazada de su primer hijo. Ella tuvo un embolismo pulmonar, lo que la llevó a pasar seis semanas en una unidad de cuidados intensivos. Aunque la emergencia fue controlada, el daño a sus pulmones fue un factor determinante en su batalla contra las infecciones.
Un ciclo de infecciones crónicas
A partir de 1998, Lisa comenzó a experimentar repetidas infecciones en el pecho, lo que la llevó a ser diagnosticada con bronquiectasia, una condición crónica que debilita los pulmones. Esta enfermedad provoca un ciclo vicioso donde el exceso de moco facilita nuevas infecciones, llevando a una constante hospitalización y tratamientos.
No fue sino hasta 2011, catorce años después de que empezaran sus síntomas, que los médicos identificaron el hongo como el principal culpable. Fue referida al Centro Nacional de Aspergilosis en Manchester, donde inició un tratamiento con potentes antifúngicos que han tenido efectos secundarios severos.
Los tratamientos y sus efectos secundarios
Uno de los medicamentos que le recetaron, voriconazol, interfiere con la proliferación del hongo, pero sus efectos secundarios incluyen problemas visuales perturbadores. Al experimentar síntomas adversos, estuvo en tratamiento con otro antifúngico, amfotericina B, que tuvo que inhalar dos veces al día, aislándose para evitar que otros la rodeen por la toxicidad del medicamento.
Lamentablemente, esta no fue una solución a largo plazo debido a posibles complicaciones de salud. Actualmente, se encuentra utilizando itraconazol, otro antifúngico, pero las infecciones aún continúan presente, lo que resalta la naturaleza impredecible y dura de estas condiciones.
Investigaciones sobre la evolución del Aspergillus
Los investigadores han alertado sobre un punto crítico en la evolución y propagación de las infecciones fúngicas. El clima cálido está impulsando el crecimiento del Aspergillus, capaz de adaptarse rápidamente a nuevas condiciones. Según el Dr. Norman Van Rhijn, “el Aspergillus es un maestro de la adaptación” y, por lo tanto, más difícil de diagnosticar y tratar.
Se estima que las infecciones fúngicas, en particular las invasivas, matan actualmente a aproximadamente 3.8 millones de personas al año, con el Aspergillus como uno de los principales responsables. Expertos también avisan sobre el surgimiento del Candida auris, un hongo que ha mostrado una alarmante tasa de mortalidad y resistencia a tratamientos antifúngicos, destacando la necesidad de investigar más y actuar.
Conciencia y acción
A pesar de los desafíos, hay iniciativas en marcha. La Aspergillosis Trust, fundada por Lisa y otros activistas, busca aumentar la conciencia sobre la aspergilosis. Con unos 1,500 miembros en su grupo de apoyo, se están realizando esfuerzos cruciales para que más profesionales de la salud reconozcan esta enfermedad.
La UKHSA también ha comenzado a tomar medidas, haciendo que la detección de Candida auris sea obligatoria y destinando financiamiento para la investigación sobre hongos, lo que podría proporcionar avances significativos en el futuro.
La combinación de condiciones ambientales cambiantes y los desarrollos en el ámbito de la medicina plantea tanto desafíos como oportunidades. La comunidad científica y los profesionales de la salud deben colaborar para abordar estos problemas críticos y buscar soluciones que protejan a quienes están en mayor riesgo.



