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La producción de leche infantil en Francia ha estado en el centro de la atención pública tras varios retiradas de productos por la detección de cereulida, una toxina peligrosamente producida por algunas cepas de Bacillus cereus. Estos incidentes han generado preocupación entre los padres, impulsando la necesidad de entender cómo se regula y supervisa la seguridad alimentaria en este sector tan sensible.
Responsabilidad de los industriales en la seguridad del producto
A diferencia de lo que muchas personas creen, el control de la producción de leche infantil en Francia no recae exclusivamente en las autoridades públicas. En Europa, el principio central es claro: los propios industriales son responsables de la seguridad de sus productos. Según Ingrid Kragl de Foodwatch, “tienen una obligación de resultado”, lo que implica que deben identificar y mitigar riesgos antes de que las autoridades intervengan. Este sistema de autovigilancia implica que los fabricantes asumen toda la responsabilidad en caso de que surjan problemas.
Controles a lo largo de toda la cadena de producción
La leche infantil se considera uno de los productos más críticos desde el punto de vista sanitario. Según François Vigneau, director de Eurofins, los fabricantes “prestan una vigilancia máxima”, definiendo cuidadosamente la frecuencia y el tipo de análisis que se llevan a cabo. Los controles abarcan no solo los productos finales, sino también las materias primas y el ambiente de producción.
Entre las amenazas que se monitorizan hay presencia de salmonelas, listeria y el temido germen cronobacter, cuya detección obliga al retiro inmediato de los lotes afectados. Además, la higiene de las fábricas se verifica mediante análisis de diversas zonas de producción. Otros aspectos analizados incluyen la presencia de metales pesados, residuos de tratamientos veterinarios y químicos, pesticidas y dioxinas en el entorno.
Intervención del Estado: doble control al año
Si bien la responsabilidad principal recae en el sector privado, el Estado también juega un papel crucial en la supervisión. La Dirección General de la Alimentación (DGAL) en Francia otorga los permisos sanitarios para las plantas productoras y realiza inspecciones hasta dos veces al año en las instalaciones que fabrican leche en polvo infantil. Estas inspecciones se centran principalmente en verificar los Planes de Maestría Sanitaria (PMS), documentos que detallan todas las medidas de seguridad adoptadas por los fabricantes para asegurar la calidad de sus productos.
Es fundamental destacar que el Estado no realiza todos los tests, sino que se encarga de comprobar que los fabricantes cumplan con las normativas establecidas, asegurando que se apliquen las medidas de seguridad pertinentes.
La búsqueda de cereulida: un desafío reciente
La cereulida es un componente tóxico que puede causar graves vómitos si se consume. Aunque la búsqueda de la bacteria Bacillus cereus es un análisis estándar, no siempre se incluye la detección de cereulida en los controles regulares. Sin embargo, en el contexto actual de retiradas de productos, muchos actores del sector están incrementando las pruebas para asegurarse de que sus productos sean seguros. François Vigneau menciona que “muchos de los grandes nombres del sector están realizando análisis de cereulida por toda Europa”, con resultados que pueden obtenerse en pocos días.
Este tipo de control aún no está regulado, pero podría serlo en un futuro cercano, especialmente a medida que emergen nuevos riesgos, como los contaminantes químicos persistentes conocidos como PFAS.






