Comparativa de la Crisis Energética por la Guerra Irán-Israel
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, junto con el cierre del Estrecho de Ormuz, ha provocado la mayor interrupción en el suministro de petróleo registrado, en términos de producción diaria perdida. Sin embargo, algunos choques anteriores han tenido un impacto acumulativo mayor, según cálculos de Reuters basados en datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE) y el Departamento de Energía de EE. UU.
Una Crisis Energética Sin Precedentes
La AIE ha descrito este conflicto como la peor crisis energética que el mundo ha enfrentado, especialmente cuando se considera la crisis de gas en Europa, desencadenada por la invasión rusa de Ucrania en 2022. La magnitud de esta interrupción ha generado comparaciones con crisis energéticas pasadas, incluyendo el embargo árabe de petróleo de 1973, la Revolución Iraní y la Guerra del Golfo de 1991.
Impacto Multidimensional
A diferencia de crisis anteriores, la guerra en Irán ha afectado simultáneamente la producción de crudo, gas natural, combustibles refinados y fertilizantes. Este nuevo tipo de choque ha revelado vulnerabilidades en un contexto de creciente demanda global y profundas interconexiones comerciales. Durante las crisis de las décadas de 1970 y 1980, muchos países enfrentaron daños económicos duraderos y un debilitamiento de sus gobiernos.
Respuestas a la Crisis
La AIE, creada tras el embargo de 1973 para asesorar a los países industrializados sobre la seguridad del suministro energético, ha respondido liberando un récord de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas para estabilizar los precios del petróleo y contrarrestar la pérdida de suministros del Medio Oriente.
Comparación de Pérdidas de Suministro
La pérdida máxima de suministro en la crisis actual supera los 12 millones de barriles por día, lo que equivale al 11.5% de la demanda mundial de petróleo. Este número es significativamente mayor que las pérdidas máximas de 4.5 millones de bpd durante el embargo árabe y de 5.6 millones de bpd durante la Revolución Iraní combinados. Asimismo, es superior a los 4.3 millones de bpd promedios durante la Guerra del Golfo de 1991.
Impacto en Otras Energías
La guerra en Irán también ha llevado al cierre de aproximadamente una quinta parte de la producción mundial de gas natural licuado (GNL) en Qatar. En contraste con las crisis de los 70, el consumo de gas ha aumentado exponencialmente, ya que la industria del GNL era aún naciente en esas épocas.
Duración y Pérdidas Acumulativas
Hasta ahora, el conflicto ha durado 52 días, durante los cuales se han estimado pérdidas acumuladas de alrededor de 624 millones de barriles, considerando una pérdida diaria de 12 millones de barriles. Aunque se logre un acuerdo de paz rápidamente, las interrupciones se prevé que persistan durante meses e incluso años, elevando el impacto final considerablemente.
Comparando las cifras, la Revolución Iraní de 1978-79 condujo a una pérdida acumulada mayor, a pesar de que la caída diaria de producción actual es mayor. Durante aquel tiempo, el desplome en la producción fue compensado parcialmente por otros países del Golfo, lo que no ha sucedido en esta crisis actual.
Consecuencias Globales y Regionales
Los efectos de la crisis se han sentido con mayor claridad en Asia y África, donde han surgido problemas de suministro. A diferencia del embargo árabe que afectó duramente a Estados Unidos, los países consumidores menos desarrollados han sido los primeros en sufrir las consecuencias.
La Guerra del Golfo de 1991, que interrumpió la producción de petróleo durante cuatro meses, resultó en un menor impacto acumulativo en comparación con la crisis actual y con el embargo árabe. Mientras tanto, la invasión rusa de Ucrania en 2022 también generó una crisis energética global, pero su impacto fue menor que el de la actual guerra en Irán.
Conclusión
La guerra entre EE. UU., Israel e Irán no solo representa una crisis de oferta sin precedentes en el suministro de petróleo, sino que sus implicaciones se extienden a múltiples sectores energéticos y a la estabilidad económica global. El tiempo revelará la magnitud total de su impacto en las próximas décadas.
