
Un niño de unos cuatro años se para en el huerto del zoológico de mascotas, donde trabajo como voluntario. Mira las manzanas del árbol con asombro y admiración.
Hay una manzana en el suelo.
“Oh, Dios mío”, dice. “Cayó.”
Recoge la manzana y me la da: “Cuélguela de nuevo, señor”.
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Una versión de este artículo también apareció en el periódico del 10 de agosto de 2022.


