
Cuando nos levantamos por la mañana, regularmente encontramos a nuestro hijo de nueve años sentado en el rincón de juegos del salón leyendo las reglas de los distintos juegos de mesa. Que la excepción confirma la regla (del juego) se hace evidente después de un tiempo, cuando juega una partida de ajedrez con su amigo. Cuando el amigo le señala que su caballo da un salto muy extraño, le dice: “Sí, pero tienes dos caballos: uno normal y otro salvaje”.
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