
Está en todas partes, donde está el juego, donde gira la pelota, donde hay discusión, donde hay peleas. Es el dueño del discurso, de la historia del partido. Con Ederson (Atalanta) es el mejor centrocampista de estos tres meses de temporada. También gracias al acuerdo con el técnico.
Él tiene la carga de la prueba, pase lo que pase en sus alrededores, durante varios kilómetros. Precisamente por esa media sonrisa con la que controla las emociones del partido, parece sesgado y arrogante ante sus adversarios. Y cuando algo realmente sucede (pasan muchas cosas en un partido) él está ahí, por su dinamismo exasperado, por su necesidad de acercarse al fuego, de arrojarse al fuego. Aquí está, con expresión de culpable, la actitud de quien busca castigo o redención, según cuándo entra en escena: todos parecen volverse hacia él. Y él está ahí, facilita esta búsqueda: Mattéo Guendouzi está en todas partes, donde está el juego, donde gira la pelota, donde hay discusión, donde hay lucha. Es el dueño del discurso, de la historia del partido. Con Ederson (que también parece de carácter opuesto) Guendouzi es el mejor centrocampista de estos tres meses de temporada. Es el centro de gravedad permanente de un equipo que corre fuerte, que ataca mucho, que defiende fuerte, que piensa en el partido en grande y que cada semana se espera en quién sabe qué puerta: y pasa por el checkpoint acelerando.
