
Karolien, un seudónimo, de poco más de treinta años, decidió el año pasado convertirse en BAM, una madre deliberadamente soltera. En su clínica de fertilidad le dijeron que hay muy pocos donantes de esperma y que hay una lista de espera de cuatro meses. “En realidad, quiero dos hijos, pero eso será una batalla contra el tiempo”, dice.
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