
Los Experimentos Secretos: Una Sombra en la Historia de Estados Unidos y Canadá
Durante la Guerra Fría, el gobierno de Estados Unidos llevó a cabo experimentos encubiertos en ciudadanos desprevenidos, tanto en América como en Canadá. Un informe de NewsNation revela que durante las décadas de 1950 y 1960, el Ejército de EE. UU. realizó una serie de pruebas secretas bajo un programa titulado “Large Area Coverage”. Este programa consistió en la dispersión de sulfuro de cadmio y zinc, un compuesto ahora clasificado como carcinógeno, que fue rociado sobre la ciudad de St. Louis, Missouri. Este fue solo uno de más de 30 ensayos similares que se llevaron a cabo en diversas localidades de Estados Unidos y Canadá.
St. Louis fue elegida debido a su diseño urbano y acceso al río, características que se asemejaban a las ciudades soviéticas. La mayoría de los residentes expuestos al rociado eran personas de bajos recursos y afroamericanos, quienes ni siquiera fueron informados de que estaban participando en estos ensayos. Las pruebas continuaron durante varios años, con la dispersión de químicos desde aviones, techos de edificios y vehículos.
No solo St. Louis fue víctima de tales experimentos. Han emergido casos perturbadores en otras comunidades, como el de niños en la Escuela Fernald en Massachusetts, donde se les ofreció avena radiactiva bajo la fachada de un “club de ciencias”. En otros casos, mujeres embarazadas en hospitales de Tennessee y California recibieron hierro radiactivo sin saberlo, con el fin de estudiar cómo la radiación cruzaba la placenta. Según el informe de NewsNation, muchas de estas víctimas posteriormente reportaron abortos espontáneos, defectos de nacimiento, y enfermedades crónicas, lo que llevó a la presentación de demandas en la década de 1990.
¿Qué Dice el Ejército?
El Ejército de EE. UU. ha sostenido durante mucho tiempo que el compuesto químico implica poco o ningún riesgo. En 1994 y 1997, revisiones internas y un informe del Consejo Nacional de Investigación (NRC), respectivamente, concluyeron que no había evidencia de riesgos para la salud. Sin embargo, NewsNation destaca que el NRC también reconoció que la exposición prolongada al sulfuro de cadmio y zinc podría causar daños renales, toxicidad ósea e incluso cáncer de pulmón si los niveles de exposición eran altos. Sumando a la controversia, varios documentos del Ejército fueron clasificados o estaban desaparecidos, lo que impidió que el NRC realizara pruebas independientes o evaluara completamente los riesgos.
La Investigadora que Reveló la Verdad
La Dra. Lisa Martino-Taylor, sociologa de la Universidad del Sur de Illinois en Edwardsville, pasó décadas investigando lo que realmente sucedió. Tras escuchar relatos de vecinos que desarrollaron cáncer y recordaban “rociados” extraños durante su niñez, revisó miles de documentos desclasificados. Su investigación reveló que los científicos detrás del proyecto de St. Louis no eran químicos ordinarios, sino expertos en guerra radiológica.
Entre ellos se encontraban el Brig. Gral. William Creasy, jefe del Cuerpo Químico del Ejército, y Philip Leighton, el principal químico de aerosoles del Ejército, ambos profundamente implicados en la investigación de armas radiactivas. Aunque el Ejército solo admite haber rociado sulfuro de cadmio y zinc, Martino-Taylor sostiene que sustancias radiactivas también podrían haber sido probadas. Señala que Leighton supervisaba el proyecto de St. Louis mientras también dirigía operaciones en el Dugway Proving Ground en Utah, una instalación secreta conocida por la prueba de armas químicas y radiológicas.
Sus hallazgos sugieren que los datos de St. Louis fueron comparados directamente con los experimentos clasificados de Dugway, lo que despierta sospechas de que la ciudad pudo haber sido parte de un programa más amplio de armas radiológicas.
¿Qué Sabían Realmente?
La Dra. Martino-Taylor argumenta que los científicos del Ejército eran plenamente conscientes de los peligros del cadmio desde la década de 1950. “Sabían que era tóxico”, afirma, resaltando que miles de estadounidenses y canadienses fueron deliberadamente expuestos a sustancias nocivas en nombre de la preparación durante la Guerra Fría. Esto plantea serias preguntas sobre la ética de las pruebas realizadas, así como sobre la responsabilidad del gobierno en proteger la salud y seguridad de sus ciudadanos.
La historia de estos experimentos secretos es un potente recordatorio de cómo se pueden usar la ciencia y la tecnología en nombre de la “seguridad nacional” sin el consentimiento informado de las personas. Las implicaciones de tales acciones continúan resonando en la sociedad actual, donde la confianza en las instituciones gubernamentales se ve puesta a prueba. A medida que cada vez más evidencia sale a la luz, queda claro que la historia de estos experimentos sigue afectando a numerosas familias y comunidades que se preguntan por los costos humanos detrás de estas decisiones.
