
El caso del tenista griego es emblemático: el padre-entrenador le llevó a ser uno de los mejores jugadores, pero también fue uno de los motivos que llevaron a su hijo a no evolucionar nunca del todo
El tenis tiene reglas no escritas que aún se respetan. Uno de ellos tiene raíces antiguas, pero que pocos han logrado erradicar. Una costumbre que pasa de generación en generación, consejo que los más experimentados parecen dar a los jóvenes emergentes. Según un código secreto de este deporte, los tenistas deben tener un padre entrenador. La cruz y el deleite de muchos. Para Stefanos Tsitsipas fue precisamente esto: Apostolos fue el hombre que lo llevó a ser uno de los mejores jugadores del circuito durante años, pero fue uno de los motivos que llevó a su hijo a nunca evolucionar su tenis. La relación entre Stefanos y su padre siempre ha sido un vaivén de acontecimientos y emociones.
