
“No podemos quedarnos quietos”, afirma la concejala Hester van Buren en un comunicado de prensa del municipio. “En los últimos años se ha prestado muy poca atención a los residentes locales, al clima y a las condiciones laborales”, afirma Van Buren en el comunicado de prensa.
“No podemos quedarnos de brazos cruzados en esta crisis climática y por eso estamos a favor de una reducción a 400.000 vuelos al año, un cierre nocturno completo y la sustitución de vuelos cortos por tráfico ferroviario internacional”.
Mejor equilibrio entre calidad de vida y economía
Con esta “visión refinada”, Ámsterdam quiere contribuir a un mejor equilibrio entre la calidad de vida de los residentes locales y la economía. El municipio espera que una reducción significativa del número de vuelos mejore el sueño nocturno de muchos residentes de Ámsterdam. También sufrirán menos las emisiones provocadas por el tráfico aéreo sobre la ciudad.
El deseo de Ámsterdam está en consonancia con una reciente sentencia judicial. En un caso presentado por residentes de Schiphol, el juez dictaminó que La Haya debe representar mejor los intereses de los vecinos del aeropuerto y protegerlos contra la contaminación acústica.
“Las consecuencias son bastante graves”, explica la abogada Channa Samkalden. “En cualquier caso, el Estado debe recurrir a la legislación y a los reglamentos aplicables en un plazo de doce meses. Y si el Estado lo hace, habrá que volver a 400.000 movimientos de vuelos”, afirmó el abogado. “Esto ya supone una enorme reducción”.
