
ÁMSTERDAM – ¿Fue la caída “repentina” del régimen de Assad el fin de semana pasado tan inesperada como se piensa ahora? Para Moscú y Teherán, la caída de su aliado es un gran revés, aunque no derramarán una lágrima por el propio Bashar al-Assad. El presidente ruso intentará limitar los daños, espera Gijs Kessler, del Instituto Internacional de Historia Social. “Putin ahora está sufriendo principalmente daños a su reputación”.
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