
Un puñado de coches incendiados, daños en un edificio escolar, bomberos y policías bombardeados con fuegos artificiales y un juego del gato y el ratón entre la policía y los alborotadores.
Casi se puede poner el reloj en hora: cada Año Nuevo, Zijdelwaard se convierte en una zona de guerra en la que ni siquiera los trabajadores de emergencia se sienten seguros. Y este año no fue diferente.
“Un grupo de alborotadores”
El alcalde destaca que la mayoría de los vecinos se han comportado correctamente, pero que “un grupo de alborotadores han conseguido arruinarle las cosas a otros”.
“Además de los daños materiales, durante la noche el trabajo de nuestros servicios de emergencia fue casi imposible”.
