La reciente **investigación** sobre la **colisión** mortal ocurrida a finales de enero en Washington entre un avión comercial y un **helicóptero** del ejército estadounidense ha revelado discrepancias significativas en la **altitud** que mostraban los instrumentos del aparato militar. Esta situación ha sido abordada en audiencias que se llevaron a cabo en Washington, donde se intercambiaron información y testimonios cruciales para entender las causas detrás de este trágico accidente.
La **Agencia Nacional de Seguridad en el Transporte** (NTSB, por sus siglas en inglés) llevó a cabo audiencias de investigación desde el miércoles hasta el viernes, haciendo interrogatorios exhaustivos a expertos y representantes de las diferentes partes involucradas, incluyendo a empresas, **reguladores** y **controladores aéreos** implicados en este accidente.
Datos diferentes entre los dos pilotos
La colisión, que resultó en **67 muertes**, tuvo lugar el 29 de enero cerca del **aeropuerto Ronald Reagan** en la capital de Estados Unidos. Implicó un helicóptero militar **Sikorsky Black Hawk**, que estaba en un vuelo de entrenamiento, y un avión **Bombardier CRJ700**, operado por una filial de **American Airlines**. Desde el 14 de febrero, basándose en los datos de las **cajas negras**, la NTSB había señalado una “divergencia” en relación a la altitud del helicóptero.
La directora de la NTSB, **Jennifer Homendy**, reveló que poco antes de la colisión, el piloto del helicóptero había informado una altitud de **300 pies**, mientras que su instructor registraba una altitud de **400 pies**. “Ninguno de los pilotos hizo comentarios sobre la discrepancia de altitud”, subrayó Homendy. “En este punto, no sabemos por qué había una discrepancia entre ambos.”
“En el momento de la colisión, el Black Hawk se encontraba a **278 pies**. Pero quiero advertir que esto no significa que lo que el equipo veía en los **altímetros** de su cabina fuera esto mismo”, agregó, aludiendo a “datos conflictivos”.
Dentro de la investigación, se realizaron pruebas con tres modelos del mismo tipo de helicóptero **Sikorsky Black Hawk**, que formaba parte del mismo batallón. Estas pruebas pusieron de manifiesto diferencias entre la altitud que marcaban el altímetro por radar y el altímetro **barométrico**, instalados en el aparato.
Una investigadora expresa sus preocupaciones
En un “ambiente controlado, la discrepancia se hallaba dentro de los márgenes aceptables de **20 a 55 pies**, pero una vez que los rotores estaban en funcionamiento y generando elevación y empuje, las indicaciones del altímetro barométrico disminuyeron considerablemente y mantuvieron esta tendencia durante todo el vuelo”, explicó **Marie Moler**, una de las investigadoras, precisando que se observó una “diferencia de **80 a 130 pies**”, es decir, de **24 a 40 metros**.
“Esto es una discrepancia **muy importante** en este caso”, insistió Homendy. “Una diferencia de **100 pies** es relevante”, añadió. En la zona donde ocurrió la colisión, los helicópteros debían volar a un máximo de **200 pies** de altitud. “Estoy preocupada. Existe la posibilidad de que lo que la tripulación veía fuera muy diferente de lo que la altitud realmente era”, continuó. “Esto es algo que seguiremos investigando”, aseguró.
Adicionalmente, surgieron críticas tras el accidente, cuando se hizo evidente que un mismo controlador estaba gestionando el tráfico de **helicópteros** y parte del tráfico aéreo de **aviones** esa noche. De acuerdo con **Clark Allen**, empleado de la **FAA** que trabajaba en esa torre de control, esta situación —permitida por la normativa— era “probablemente más frecuente” que una separación de tareas.
Él también respondió afirmitivamente a la pregunta sobre si la supervisión del personal de la torre era suficiente esa noche, confirmando que los recursos eran **adecuados** si se hubiera requerido dividir la gestión de los helicópteros.

