
El reloj de la torre da las seis y media cuando me subo al coche para pasar el día quincenal de niñera con los nietos. Es una hora punta por la mañana, pero eso no debería estropear la diversión. Esta abuela zarpa hacia la capital llena de ilusión. Recibo vía whatsapp el mensaje de que mi nieto empieza a formar sus primeras palabras. ¡Emocionante! Dos horas más tarde se abre la puerta principal. Aquí viene corriendo el hombrecito, con las manos en alto y una sonrisa radiante: “¡Abuelo!” grita alegremente.
Los lectores son los autores de esta columna. Un Ije es una experiencia personal o anécdota en un máximo de 120 palabras. Enviar a través de [email protected]
Una versión de este artículo también apareció en el periódico del 22 de septiembre de 2023.


