Auge y presión de EE. UU. sobre Cuba
La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha intensificado la presión sobre Cuba, un país controlado por el comunismo. Este enfoque surge tras la intervención militar en enero para desestabilizar al presidente venezolano, Nicolás Maduro. A pesar de que Caracas ha sido un firme aliado de La Habana, existen varias razones que sugieren que Cuba no se transformará en una nueva Venezuela.
¿Quién asumiría el control en caso de crisis?
Tras la intervención en Venezuela, la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez tomó las riendas del gobierno. Sin embargo, en Cuba no existe un sucesor claro para el presidente Miguel Díaz-Canel. Ni siquiera Raúl Castro, quien tiene 94 años y fue presidente anteriormente, tiene un sucesor evidente. Según Orlando Pérez, experto en relaciones entre EE. UU. y América Latina, “el aparato de seguridad en Cuba ha desmantelado sistemáticamente cualquier fuente de poder alternativa”.
Mientras en Venezuela hay líderes de oposición reconocidos, como la premiada con el Nobel, María Corina Machado, Cuba carece de figuras similares que puedan desafiar al gobierno. El nieto de Raúl Castro se ha relacionado recientemente con figuras de EE. UU., pero no ocupa un cargo oficial que le permita tomar decisiones de poder.
Beneficios y riesgos del cambio en Cuba
Cuba ha sido un antagonista de EE. UU. desde la revolución de Fidel Castro en 1959, y muchos cubano-americanos en Florida apoyan un cambio de régimen. Sin embargo, la influencia histórica de la isla ha ido disminuyendo, especialmente tras el distanciamiento de Rusia. A medida que Cuba enfrenta severas crisis económicas, los expertos advierten que cualquier inestabilidad podría causar una ola migratoria.
La solidez del ejército cubano, más cohesionado que el venezolano, podría hacer que cualquier intento de derrocamiento enfrentase mayor resistencia. Además, se considera que el sistema de vigilancia y la inteligencia cubana son más avanzados, lo que podría complicar cualquier intervención.
¿Qué ofrecería Cuba a EE. UU.?
A diferencia de Venezuela, que es rica en recursos naturales y ha atraído inversiones estadounidenses en su industria petrolera, Cuba no tiene activos similares que intriguen a los inversionistas. Su industria turística ha quedado rezagada y ha sufrido aún más debido a la campaña de “máxima presión” de Trump.
El secretario de Estado, Marco Rubio, un defensor acérrimo de la política hacia Cuba, busca capitalizar un cambio en la isla para sus ambiciones políticas personales, pero cualquier fracaso podría ser perjudicial no solo para él, sino para EE. UU., que ya enfrenta grandes déficits presupuestarios.
Implicaciones legales del embargo
El margen de maniobra de Washington para modificar la relación con Cuba está limitado por la Ley Helms-Burton de 1996, que condiciona la eliminación del embargo a cambios políticos específicos. A diferencia de Venezuela, donde Trump cambió las relaciones al derrocar a Maduro, en Cuba esto requeriría un cambio significativo por parte de su gobierno, lo cual no ha ocurrido hasta el momento.
Cuba presenta un panorama más complicado por su economía, que está dominada por un conglomerado militar que controla gran parte de la infraestructura nacional, desde hoteles hasta bancos. Además, a diferencia de las acusaciones de narcotráfico que enfrenta el gobierno venezolano, Cuba alega colaborar con EE. UU. en la lucha contra el tráfico de drogas.
Conclusión
La comparación entre Cuba y Venezuela puede ser tentadora, pero es fundamental considerar las diferencias clave en sus contextos políticos y económicos. La falta de líderes de oposición efectivos, la cohesión del ejército cubano y las implicaciones legales que enfrenta cualquier intento de intervención hacen que la situación en Cuba sea más compleja y menos susceptible a un cambio drástico en el corto plazo.

