
“Todos se permiten mutuamente, y no es que todos elijan un lado fuerte o algo así. Es muy agradable, ambos pueblos están allí hoy”, dice el co -organizador Ramon Wilts. Esa imagen es confirmada por las otras personas presentes. Es una fiesta de color naranja, completo con un desfile que comienza en Kaag y luego con el ferry al pueblo vecino.
Tampoco hay fricción mutua entre los niños de ambas aldeas. “También venimos de ambos lados y nos encontramos muy bien”, dicen tres chicas que han venido a las festividades. A lo sumo, se crea una competencia saludable cuando el lanzamiento de huevos, que se planea al final de la tarde.

