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Problemas con el ascensor: una historia de sufrimiento
Desde hace **14 años**, el ascensor del edificio donde vive **Claudine**, una octogenaria de **87 años**, presenta constantes fallas. Residenciada en el séptimo piso de un edificio de **Muret**, al sur de Toulouse, su situación se torna crítica cuando el ascensor no funciona. Claudine, quien padece diversas enfermedades como problemas cardíacos, diabetes y está **dializada** tres veces por semana, se ve obligada a enfrentar cada día un verdadero **calvario** al tener que subir y bajar por las escaleras, enfrentándose a una fatiga y desesperación insoportables.
La soledad que agrava su sufrir
“Vivo muy mal todo lo que me ocurre. No soporto esta **soledad**”, confiesa Claudine, mientras mira al horizonte con lágrimas en los ojos. Su situación de salud es compleja y se agrava por la falta de apoyo: “Los **vecinos** no me ayudan, y los **ambulancieros** que me llevan al hospital tampoco. Me dicen que llame a los **bomberos**, pero no tienen el equipo necesario para ayudarme a regresar a mi hogar”, explica. Este relato ilustra una realidad desgarradora que afecta no solo a Claudine, sino a muchas personas mayores que, como ella, habitan en condiciones precarias donde la falta de **accesibilidad** es la norma.
La historia de un hogar forzado
Claudine se mudó a este apartamento **HLM** creyendo que la vivienda sería una mejora en su vida. “Cuando me mudé, le dije a **Promologis** que me parecía demasiado alto, pero me respondieron: ‘Es mejor que nada’. Me obligaron a aceptar este hogar”, asegura con frustración. Desde su llegada, el ascensor ha tenido problemas constantes. “Pago todas mis cuentas puntualmente. Estoy al día. Pero por un ascensor que no funciona adecuadamente, debería recibir un mejor servicio. Solo hacen reparaciones pequeñas, y poco tiempo después vuelve a fallar”, explica con desánimo.
En recientes declaraciones, **Promologis** confirmó que realizaron un diagnóstico completo del ascensor el **10 de junio**. Aunque se hicieron algunas reparaciones temporales, el ascensor volvió a fallar en numerosas ocasiones, creando una situación insostenible para los residentes. “Funciona en modo degradado”, afirmaron, mientras Claudine continúa con su lucha diaria.
Una luz de esperanza: el posible reubicamiento
A pesar de las adversidades, Claudine empieza a vislumbrar **una salida**. Tras cinco años en búsqueda de un nuevo hogar, al inicio de julio, aún con cautela, mencionó que **Promologis** ha iniciado el proceso de reubicación. La organización le ha ofrecido dos apartamentos en **plantas bajas**, dentro de residencias que cumplen con los estándares para **Servicios de Habitabilidad para Personas Mayores**. Sin embargo, esta noticia llega con un sentimiento de amargura debido al largo proceso de espera. “Muchas veces me dijeron que había personas más prioritarias que yo”, lamenta. La intervención de su yerno, quien envió una carta de queja a la **dirección de Promologis**, fue el catalizador para que finalmente se tomaran cartas en el asunto.
Hoy, Claudine se prepara para empacar sus cosas. “He vivido aquí durante 14 años, y han sido años de **desgracia**. Cuando me mude, no lo lamentaré”, declara con firmeza. Su hijo se une a su lamento, reconociendo que esta situación ha afectado drásticamente su día a día. Tras tantos años de sufrimiento, Claudine finalmente siente que podría volver a tener una vida digna.
Esta historia revela no solo las dificultades que enfrentan muchos ancianos en países con sistemas de vivienda social, sino también la **impotencia** que sienten al no poder acceder a servicios básicos que garanticen su bienestar. La búsqueda de una vivienda adecuada no debería ser un **privilegio**, sino un **derecho** fundamental. La transición hacia un nuevo hogar representa no solo un cambio de dirección física, sino también la esperanza de una vida más digna y plena.
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