El ciclo de la reencarnación del Dalaï Lama no está próximo a concluir, según sus propias palabras. A la víspera de su 90º cumpleaños, el maestro espiritual tibetano compartió su deseo de vivir “otros 30 o 40 años” durante una oración junto a miles de fieles en McLeod Ganj, en las faldas del Himalaya indio.
El líder espiritual de la comunidad tibetana, que anunció que se designará un sucesor tras su muerte, cierra una semana de celebraciones en su honor, comenzando su primer día como nonagenario.
Mientras tanto, miles de seguidores de Tenzin Gyatso (su nombre de nacimiento) hicieron vibrar tambores y cuernos en el monasterio donde reside en exilio. “Hasta ahora, he hecho todo lo posible y (…) espero vivir otros 30 o 40 años, continuando al servicio de los seres sintientes y el Dharma (las enseñanzas) de Buda”, expresó, revestido de su tradicional robe bordeaux y chal amarillo.
Una sucesión tensa
Nacido el 6 de julio de 1935, Tenzin Gyatso se convirtió a los dos años en el 14º Dalaï Lama, debidamente identificado por la tradición budista como la reencarnación de su predecesor. Desde su huida de Lhasa, “su capital”, debido a la represión china en 1959, ha vivido en McLeod Ganj.
China, que invadió el Tíbet en 1950 y lo convirtió en una de sus provincias, ha exigido poder aprobar el nombre del próximo Dalaï Lama, lo que genera una gran inquietud entre los tibetanos en el exilio y su guía.
“La responsabilidad (de la sucesión) recaerá exclusivamente en los miembros del Ganden Phodrang Trust, la oficina de Su Santidad el Dalaï Lama”, afirmó Tenzin Gyatso. “Nadie más tiene la autoridad necesaria para inmiscuirse en esta cuestión”.
Su sucesor, prometió, deberá haber “nacido en el mundo libre”, afirmando haber recibido numerosas solicitudes sobre la posible continuación del ciclo de la reencarnación.
Considerado un peligroso separatista por Pekín, el actual Dalaï Lama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1989, representa a nivel mundial la lucha por la libertad del Tíbet, un vasto territorio del Himalaya comparable en tamaño a Sudáfrica.
“El deseo compartido por todos, incluido el pueblo tibetano, es evitar el sufrimiento y experimentar la felicidad”, añadió.
La figura del Dalaï Lama no solo simboliza un líder espiritual para los tibetanos, sino que también encarna la lucha por la autodeterminación de un pueblo. A medida que se acerca el momento de su posible partida, el mundo observa con atención la historia que se desarrolla en torno a su sucesión. Con la presión internacional y el deseo de los tibetanos de mantener su identidad, la elección del próximo Dalaï Lama podría ser un tema de gran relevancia tanto espiritual como política en los años venideros.
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