
Se sabe que la actividad física beneficia al cerebro. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) ha hecho un avance significativo hacia la comprensión de un mecanismo biológico que explica este efecto protector, y sorprendentemente, todo ocurre en el hígado.
El descubrimiento del papel del hígado
Una investigación estadounidense, publicada en febrero de 2026 en la revista Cell, sugiere que el ejercicio físico puede ralentizar el deterioro cognitivo. El centro de esta revelación es una proteína llamada GPLD1, que desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la integridad de la barrera hematoencefálica.
A medida que envejecemos, el sistema de vasos sanguíneos que constituye la barrera hematoencefálica se vuelve más permeable. Esto permite que compuestos dañinos ingresen al cerebro, lo que genera inflamación y se asocia con el deterioro cognitivo, afecciones comunes en enfermedades como el Alzheimer.
Sin embargo, los investigadores han observado que el ejercicio físico ayuda a limitar esta degradación.
Un enfoque inesperado para la salud cerebral
Hace seis años, el equipo ya había notado que los ratones activos producían más GPLD1 en sus hígados. No obstante, esta enzima no puede cruzar la barrera hematoencefálica. Esto llevó a los científicos a investigar cómo esta proteína influía en las funciones cognitivas.
Las investigaciones revelaron que la GPLD1 actúa a través de una proteína denominada TNAP. En animales mayores, las células que forman la barrera hematoencefálica acumulan TNAP, lo que provoca su permeabilidad. Sin embargo, cuando se permite que los ratones ejerzan, su hígado produce GPLD1, que migra hacia los vasos sanguíneos cercanos al cerebro y elimina la TNAP de las células.
Resultados sorprendentes en estudios con ratones
Los experimentos en ratones han proporcionado resultados esclarecedores:
- Los ratones jóvenes modificados para tener niveles elevados de TNAP presentan déficits de memoria similares a aquellos de los ratones ancianos.
- Por el contrario, reducir la TNAP en ratones ancianos (equivalente a unos 70 años en humanos) mejora la memoria y disminuye la inflamación cerebral.
Según Gregor Bieri, investigador del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento Bakar de UCSF, “Hemos podido activar este mecanismo tardíamente en la vida de los ratones, y aún así funcionó“.
Implicaciones futuras para la terapia y el envejecimiento
Este descubrimiento subraya la importancia de considerar el cuerpo completo al examinar el deterioro cerebral relacionado con la edad. Abre nuevas perspectivas terapéuticas que se centran no solo en el cerebro, sino también en mecanismos periféricos, especialmente en el hígado y los vasos sanguíneos.
Por lo tanto, promover la actividad física podría convertirse en un enfoque clave para la protección del cerebro a medida que envejecemos. Este descubrimiento no solo refuerza el valor del ejercicio, sino que también podría dar lugar a nuevas estrategias en la prevención y el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas.



