
Cada día, sin importar el clima, un grupo de mujeres extraordinarias se reúne en la piscina exterior de Ingréo para nadar. Su punto en común: problemas de salud que intentan dominar a través de la natación.
## La alegría en el agua de Montauban
En la piscina de 50 metros del complejo acuático de Montauban, estas mujeres irradian alegría y determinación. Se congregan entre las 12:30 y las 14:00 todos los días. A pesar de las inclemencias del tiempo, comparten un carril y disfrutan de la temperatura del agua, que ronda los 27 grados. Aunque no son las Maldivas, la experiencia es casi igual de refrescante.
## Mujeres que superan desafíos
Ellas son Céline, Stéphanie, Mireille, Béatrice, Frédérique, Nathalie (1 y 2), Christine, Alexandra y Hélène. Aunque no todas se ven fuera de la piscina, han creado un grupo solidario en Ingréo. Muchas de ellas enfrentan problemas de salud serios, que a menudo son invisibles a simple vista. Estas condiciones las han llevado a dejar sus trabajos, como es el caso de Céline y Stéphanie, quienes viven con discapacidades que afectan su vida diaria.
### La transformación de Céline
Céline, de 59 años, lidia con endometrio, fibromialgia y la enfermedad de Ménière. Tras un recorrido doloroso, un día decidió cambiar su vida. “Empecé a nadar porque me cansé de sufrir”, asegura. Aún sin saber nadar, se lanzó a aprender en Ingréo hace siete años, un paso que, según dice, le ha transformado la vida.
## Beneficios de la natación
Céline nada ahora 3,000 metros con un tubo y aletas, disfrutando de la paz que el agua le brinda. “Cuando estoy en el agua, no siento dolor. Mi médico no puede creer los cambios que he experimentado”, afirma con una sonrisa.
### La historia de Mireille
Mireille, quien sufrió su primera hernia discal a los 10 años, comparte su experiencia: “Nadar me ayuda con la ciática. Si no voy, paso el día encorvada”. Este ejercicio se ha convertido casi en una prescripción para ella.
### Stéphanie, resiliencia en el agua
Stéphanie, de 61 años y ex funcionaria, ha tenido siete años de problemas de espalda. Afortunadamente, encontró en la natación un refugio. “A veces siento que estoy flotando, simplemente no siento mi cuerpo. Esto me alivia”, comenta mientras nada 4,000 metros en cada sesión.
## Una comunidad solidaria
El grupo se motiva mutuamente. Si alguna no se siente bien un día, las otras están ahí para apoyarla. “Esto es nuestra terapia. Nos sentimos orgullosas de lo que hemos logrado juntas”, dicen al unísono.
### Más que solo un entrenamiento
Además de estas mujeres, Frédérique, una entrenadora especializada en HPI y TDAH, y otras enfermeras que no padecen condiciones médicas específicas, encuentran en la piscina un espacio para liberarse del estrés emocional de su trabajo.
## Novedades en Ingréo para el verano
El complejo no solo se dedica a la natación terapéutica; también cuenta con diversos espacios recreativos. Para los más pequeños, hay toboganes y áreas de juego. De cara al futuro, el nuevo director, Franck Bohin, tiene planes para mejorar la experiencia de los visitantes y atraer a más público a la piscina.
En conjunto, estos encuentros diarias no solo son ejercicios físicos, sino también una especie de respiración colectiva para estas mujeres, quienes convierten cada sesión en un momento de superación y unidad en Montauban.




