El reciente anuncio de **Donald Trump** sobre nuevas sanciones económicas contra Rusia marca un importante giro en la política exterior de los Estados Unidos. Hasta ahora, Trump había dejado en manos de Europa la cuestión de las sanciones, pero su frustración con el presidente ruso **Vladimir Poutine** llevó a adoptar una postura más firme. Durante una conferencia de prensa, el ex presidente planteó un enfoque directo para presionar a Kremlin, en un intento de **aumentar la presión** sobre el sector energético ruso.
Las sanciones disponen un **congelamiento** de activos de dos de las mayores empresas petroleras rusas, **Rosneft** y **Lukoil**, en Estados Unidos. Bajo estas nuevas medidas, todas las empresas norteamericanas quedan **prohibidas** de realizar transacciones comerciales con estos gigantes de la industria energética. Esto se debe a que estas empresas juegan un papel crucial en la financiación de las operaciones militares rusas, especialmente en el conflicto de **Ucrania**.
Rosneft, donde el gobierno ruso es el principal accionista, produce aproximadamente el **40%** del petróleo de Rusia. Por otro lado, Lukoil, una compañía privada, representa cerca del **15%** de la producción total. Expertos como **Georguï Bovt** han señalado que esta medida de incluir a estas potencias energéticas en la lista de sanciones es un paso significativo, algo que ni siquiera Joe Biden había considerado.
« Para la primera vez, la amenaza de Trump es seria »
La politóloga **Nicole Bacharan**, autora del libro *Requiem pour le monde libre*, también resaltó la seriedad de las últimas declaraciones de Trump. A diferencia de su administración anterior, donde las sanciones implementadas por Biden se llevaron a cabo de manera más efectiva, Trump ha decidido **actuar** sobre las que habían sido descuidadas. Según Bacharan, “las sanciones son un trabajo constante que requiere **actualización** y **adaptación**”. Esto se debe a que cada acción puede llevar a intentos de **evasión** por parte de Moscú, que ya ha adaptado su economía en consecuencia a las restricciones. Por ejemplo, Rusia se ha centrado en establecer una **flota fantasma** para transportar su petróleo, eludiendo así las restricciones internacionales.
El Kremlin ha minimizado la extensión de estas sanciones, tildándolas de “exclusivamente **contra-producivas**”. Sin embargo, según el experto en Europa del Este **Denys Kolesnyk**, aunque Moscú mantenga que las sanciones no afectan a su economía, en la práctica, su dependencia de las **exportaciones** de hidrocarburos sigue siendo un punto crítico para su economía. Las nuevas sanciones representan un **nuevo apretón** que se suma a las ya existentes del bloque occidental.
« Eso no quiere decir que Trump bascule del lado de Ucrania »
Mientras tanto, los países europeos planean seguir manteniendo la presión sobre Rusia. Esta semana, la **Unión Europea** anunció un 19.º paquete de sanciones, dirigido especialmente al sector petrolero ruso. A esta decisión se sumaron aplausos de varios líderes europeas, quienes vieron en la iniciativa de Trump un “símbolo fuerte”.
Por otro lado, **China**, el principal comprador de hidrocarburos rusos y socio clave del Kremlin, ha expresado su oposición a las sanciones estadounidenses. A menudo, los gobiernos europeos acusan a Beijing de proporcionar un apoyo económico crítico a Rusia para su esfuerzo bélico.
A pesar de los cambios en las sanciones, Bacharan advierte que esto no implica que Trump esté **cambiando** su postura hacia Ucrania. Ella sostiene que su objetivo sigue siendo “lograr un **cese** al fuego y hacerse con el crédito por ello”. Sin embargo, este escenario parece lejano, ya que mientras Rusia continúe con las hostilidades, es poco probable que ambos lados lleguen a un **acuerdo** satisfactorio. **Volodymyr Zelensky**, presidente de Ucrania, reconoció las sanciones como un “mensaje fuerte” hacia Moscú, en un momento en que la guerra sigue intensificándose, afectando severamente las infraestructuras y el suministro de energía en su país.

