
Se sabe que Mathilde Willink, la obra de arte viva y la musa del pintor Carel Willink, no debían abordar sin guantes. Su animal de tótem podría ser sin duda un gato: terco, elegante y misterioso como era. La exposición Cute y Cattig en el castillo de Ruurlo, donde también se muestran túnicas de Fong Leng únicas de Mathildes, encaja perfectamente con la colección permanente.
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