
La hija de Gianluca, capitán del Génova en Anfield, devorada por la esclerosis lateral amiotrófica: “Estábamos en la playa, en el verano del 99: él no levantaba el balón para sacar. Tres años después ya no estaba”
Un día del verano de 1999, en la playa de Marina di Pisa. Gianluca Signorini está en la playa con su familia y está feliz, su esposa Antonella pronto le “dará” su cuarto hijo, una niña. El ex defensa de Parma, Roma y Génova juega al voleibol playa, pero algo no va bien. “No podía coordinar los movimientos de los ojos y las manos, no podía levantar la pelota para sacar”, dice su hija Benedetta, la mayor, que entonces tenía dieciséis años. Una perturbación temporal, que pasará: cualquiera habría tenido y tendría el mismo pensamiento. Signorini es un hombre de 39 años, joven y fuerte. Dejó de jugar en 1997. Trabajó en el Pisa, el club de su ciudad natal, y en septiembre se lanzará de lleno a su nuevo trabajo como entrenador y responsable de la cantera del Livorno. Un buen lugar para empezar otra carrera, bajo el ala de Aldo Spinelli, su ex presidente en Génova y nuevo propietario de Livorno. Signorini no puede saberlo, pero ese brazo resistente al voleibol es el primer signo de ELA, esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad letal, previamente conocida por el pequeño círculo de personas que la padecen y sus familiares. Vidas trastornadas por una enfermedad feroz, que nos encierra en la inmovilidad pero que, sin embargo, deja el cerebro lúcido y pensante.

