
Carácter complejo, personalidad evidente: el nuevo técnico del Milan forja y ha forjado entre reglas estrictas, diálogo, sensibilidad y pinceladas de cinismo. Como cuando le dijo a su hijo que necesitaba bajar de peso: “Si tienes hambre, bebe”.
Sergio Conceiçao es una mezcla de tierra, lágrimas, fútbol tradicional, religión, nervios (muchos nervios) y sensibilidad. Está de moda porque ganó inmediatamente y trae de vuelta a hombres de otros tiempos, más genuinos que sofisticados, más directos que conceptuales. Es polifacético, variado, no tan sencillo de entender y lo sería aún más para un inglés, quizás para un francés, para un abonado del Barcelona ciertamente. En Italia, sin embargo, teníamos a José Mourinho y Antonio Conte y, en definitiva, estamos capacitados. “Él entrena con un genio pragmático asombroso”, dijo Gianni Brera sobre Nereo Rocco, patriarca del AC Milan, y ese es el camino. Conceiçao tiene similitudes con Mou y Conte y en la línea hereditaria de los entrenadores del AC Milan ciertamente tiene algo de Rocco y Capello, mientras que Fonseca, en principio, cedió más bien a Arrigo Sacchi: el dominio del juego, las largas explicaciones tácticas, las estrellas en el campo. banco por falta de aplicación. Las primeras semanas se centran en Sergio, el sargento de hierro, que ciertamente existe, pero hay más en este hombre. Está el lado personal que para él, como para casi todos, es el más interesante. Conceiçao no da acceso a su vida privada –no busques revelaciones de su mujer, no las encontrarás–, pero se ha entendido más de una cosa.
