
El mejor lugar para una buena conversación con tu hijo adolescente es un atasco: nadie te molesta y ninguno de los dos puede ir en ninguna dirección. Esta tarde está sentado a mi lado, mirando su celular. De repente, tras un profundo suspiro, sigue una revelación. Me susurra suavemente: “Mamá, estoy enamorado”. Una pequeña sonrisa aparece automáticamente en mi boca. Sin sonido, porque a los adolescentes no les gusta eso. Le susurro con la misma suavidad: “¿Quién es el afortunado?” Sigue otro suspiro profundo: “Aún no lo sé, mamá. ¡No puedo elegir!
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