
Un éxito fruto de la voluntad y de la pasión, del sacrificio y de la dedicación: el gigante friulano batió al inglés Charlton con el nuevo récord del mundo en los cuatro kilómetros, con un tiempo monstruoso de 3’59″153
Él no es el nuevo Ganna, nunca lo ha sido. ¿Cuáles son estas comparaciones? Él es Jonathan Milan, con ese nombre de explorador, alguien que se lanza en busca de aventuras. Lo hizo mejor: se convirtió en campeón del mundo de persecución, el más rápido de todos en los cuatro kilómetros de pista, el velocista con once victorias en ruta en 2024. Se dio un sueño. Con cara de niño que empieza a llorar, a ver el pasado, las elecciones, los sacrificios, las lágrimas y los llantos antes de cruzar la meta, porque mamá Elena está en la grada y él le ha hecho el mejor regalo. Son momentos como éste los que dan sentido al esfuerzo. Papá, Flavio, era un excelente aficionado. Ganó las carreras internacionales más bellas, desde Belvedere hasta Del Rosso, desde una etapa en Val d’Aosta hasta una en Settimana Bergamasca. Y también un Mundial, sí: el militar. Se hizo profesional con Amor y Vida, duró un par de temporadas y nada más. Sin embargo, lo suficiente para inspirar la pasión de Jonathan: lo llevaron a ver las carreras de su padre y a los 4 años sintió que quería una bicicleta para él solo. Era el destino el que le llamaba, pero el Milán aún no lo sabía. Flavio prefirió otro deporte para sus hijos: probó el tenis, el baloncesto, el esquí y luego la natación, las artes marciales, el judo y el kárate. Pero Jonathan estaba obsesionado con el ciclismo. Un día Flavio desistió: fundó una pequeña empresa con un amigo suyo, Marco Zontone, la llamaron Jam’s Bike Team Buja. “Al principio se dedicaba sólo al ciclocross y al mountain bike, luego se abrió también a la carretera”.

