Comienza la cuenta atrás real para el cierre de la central nuclear de Almaraz (Cáceres). Este jueves ha concluido la última recarga de combustible de su Unidad 1 antes de su clausura prevista para noviembre de 2027.
La finalización de esta operación, la número 31 en la historia de la central, y que incluye una parada técnica, llega mientras la planta permanece a la espera de que el Ministerio para la Transición Ecológica resuelva la solicitud de prórroga de explotación hasta 2030 presentada el pasado octubre por las empresas propietarias de Centrales Nucleares Almaraz-Trillo. Esta cuestión debe de resolverse primero con un informe del Consejo de Seguridad Nuclear antes de la decisión definitiva del Gobierno de Pedro Sánchez.
Durante estas labores, que han durado 12 días, han participado unos 1.200 trabajadores adicionales a la plantilla habitual, la mayoría extremeños, y en algunos momentos se superaron los 2.200 operarios en el emplazamiento. La recarga ha movilizado a más de 70 empresas nacionales e internacionales y ha incluido más de 13.000 actuaciones técnicas y 15 modificaciones de mejora y actualización tecnológica. En el día de hoy, al concluir la recarga, los trabajadores que han llevado a cabo esta operación, así como los de la propia central, se han concentrado en las instalaciones de dicha planta para solicitar la continuidad más allá del año que viene.
Según informa la propia central cacereña, entre las intervenciones realizadas destaca la revisión general y el reacuñado completo del estátor del alternador principal, una actuación que, según la empresa, garantiza la seguridad y fiabilidad de la instalación “durante al menos dos décadas más”.
La compañía ha defendido que la central cumple todos los requisitos de seguridad establecidos por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), cuya revisión periódica aprobada en 2020 permite operar hasta 2030. Asimismo, ha subrayado que cada año se invierten alrededor de 50 millones de euros en modernización y mejora de equipos, y ha señalado que plantas gemelas de Almaraz en Estados Unidos ya cuentan con autorizaciones para operar hasta 80 años.
CARGA FISCAL
En el plano económico, la empresa ha advertido de que la viabilidad de la central está “seriamente comprometida” por la carga fiscal, que asegura representa más del 75 % de sus costes variables. En este sentido, ha recordado que la Unidad 2 permaneció parada entre el 3 y el 17 de marzo de este año “al no resultar competitiva en el mercado eléctrico en un contexto de elevada producción renovable y baja demanda”.
La empresa también ha vinculado el debate sobre el futuro de la energía nuclear al contexto internacional y ha señalado que conflictos como la guerra de Irán evidencian, a su juicio, “la importancia de mantener fuentes de generación estables para garantizar el suministro energético y contener los precios de la electricidad”.
Hay que recordar que el pacto de gobierno entre PP y Vox en esta comunidad incluye la supresión del impuesto de la ‘ecotasa’ regional, con el fin de aliviar la carga impositiva (unos 87,5 millones de euros) de la central. Además, la Eurocámara votó la semana pasada reconsiderar el cierre de Almaraz y prolongar su actividad hasta 2040 en una decisión que no es vinculante para el gobierno de España. En concreto, y con los votos del PP y de Vox, la misión de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo alertó en un informe al ejecutivo de Pedro Sánchez sobre las posibles consecuencias para el sistema energético y subraya la necesidad de que las decisiones sobre infraestructuras estratégicas se apoyen en criterios técnicos.
