{"id":293286,"date":"2022-07-30T07:29:32","date_gmt":"2022-07-30T07:29:32","guid":{"rendered":"https:\/\/teknomers.com\/es\/en-defensa-de-la-gente-mirando\/"},"modified":"2022-07-30T07:29:33","modified_gmt":"2022-07-30T07:29:33","slug":"en-defensa-de-la-gente-mirando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teknomers.com\/es\/en-defensa-de-la-gente-mirando\/","title":{"rendered":"En defensa de la gente mirando"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div data-attribute=\"article-content-body\">\n<p>Me mud\u00e9 a Londres hace 11 a\u00f1os en busca de educaci\u00f3n.  Llegu\u00e9 a la estaci\u00f3n de Euston una tarde de noviembre en el servicio Sail-Rail de Dubl\u00edn, que por unas 50 libras te lleva en ferry desde la capital irlandesa a Holyhead en Gales, y luego en tren a cualquier estaci\u00f3n principal del Reino Unido.  Llevaba dos maletas, una mochila repleta y un Samsung pre-smartphone anticuado. <\/p>\n<p>Crecer en Dubl\u00edn tuvo muchos beneficios, principalmente la facilidad inherente a navegar por una ciudad de ese tama\u00f1o.  Cuando me fui, sent\u00ed que sab\u00eda exactamente c\u00f3mo funcionaba el lugar, y me reconfortaba ver las mismas calles, la misma gente, una y otra vez.  Ten\u00eda mucho que aprender sobre el mundo y Londres, decid\u00ed, era el sal\u00f3n de clases para m\u00ed.  yo ten\u00eda 22<\/p>\n<p>Lo primero que aprendes en una ciudad como Londres es c\u00f3mo ser ciudadano de esa ciudad.  Aprendes esto en p\u00fablico, a trav\u00e9s de una combinaci\u00f3n de observaci\u00f3n y prueba y error.  Son las cosas obvias, las reglas no escritas de las escaleras mec\u00e1nicas, el enfoque de mirar hacia abajo al espacio com\u00fan de \u201cfinge que no puedes verlo\u201d.  Y tambi\u00e9n te das cuenta, tarde o temprano, que a pesar de que es mir\u00e1ndonos unos a otros que nos damos cuenta de estas cosas, en realidad se supone que no debemos estar mirando.<\/p>\n<p>Me gusta pensar que aprend\u00ed r\u00e1pido.  En mis primeros viajes a la biblioteca de la universidad y a mi trabajo de fin de semana en una tienda de muebles de Chelsea, no tard\u00e9 mucho en desarrollar el exterior duro, parecido a un armadillo, la mirada de mil metros del viajero del metro.  Pero no pude evitar sentir curiosidad por mis compatriotas londinenses.  Segu\u00ed buscando. <\/p>\n<p><em>En el bar de la Royal Opera House, un joven vestido con un doble denim lavado con \u00e1cido y cabello rubio te\u00f1ido de punta pide tres copas de champ\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p><em>Al bajar de un tren un s\u00e1bado por la noche, dos mujeres vestidas de punta en blanco y casi completamente a juego con vestidos ajustados negros y abrigos de osito de peluche color camel, bolsos de mano de Gucci y sandalias de tiras negras con tacones de plexigl\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p>Tal vez el impulso de mirar es lo que hace que los reci\u00e9n llegados a las grandes ciudades se sientan tan fuera de lugar.  Observar a la gente, una actividad para la que Londres est\u00e1 hecho a la medida, puede interpretarse como un placer culposo moralmente dudoso, algo m\u00e1s parecido al voyeurismo.  Esto se debe en parte a que mirar no siempre es una acci\u00f3n neutral.  Depende de qui\u00e9n est\u00e9 mirando y cu\u00e1les sean sus intenciones.  Este a\u00f1o, la Polic\u00eda de Transporte brit\u00e1nica coloc\u00f3 carteles en los vagones del metro advirtiendo contra las &#8220;miradas intrusivas&#8221;, que pueden clasificarse como acoso sexual y conllevar una multa o incluso una pena de prisi\u00f3n. <\/p>\n<div class=\"n-content-layout\" data-layout-name=\"auto\" data-layout-width=\"full-grid\">\n<div class=\"n-content-layout__container\">\n<div class=\"n-content-layout__slot\" data-slot-width=\"true\">\n<figure class=\"n-content-image n-content-image--full p402_hide\" style=\"width: 700px;max-width: 100%\"><figcaption class=\"n-content-image__caption\">\n<p>\t\t\t\t\u00a9 Brunel Johnson<br \/>\n\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n<\/p><\/div>\n<div class=\"n-content-layout__slot\" data-slot-width=\"true\">\n<figure class=\"n-content-image n-content-image--full p402_hide\" style=\"width: 700px;max-width: 100%\">\n\t\t\t\t<img decoding=\"async\" alt=\"\" data-image-type=\"image\" src=\"https:\/\/teknomers.com\/es\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/1659166172_13_En-defensa-de-la-gente-mirando.jpg\" \/><figcaption class=\"n-content-image__caption\">\n<p>\t\t\t\t\u00a9 Brunel Johnson<br \/>\n\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n<\/p><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>As\u00ed que puedo entender, m\u00e1s o menos, por qu\u00e9 un londinense podr\u00eda optar por mantener la cabeza gacha.  Aparte de no querer incomodar a alguien al mirarlo, pronto me di cuenta de que ocuparse de sus propios asuntos es necesario para una rutina diaria fluida.  Esta ciudad es grande y las demandas de tiempo son implacables.  La atenci\u00f3n es un bien valioso en un lugar como este.  No necesita involucrarse en cada peque\u00f1o incidente o drama en su camino al trabajo.  Eso ser\u00eda agotador.  Pero al mismo tiempo, la vida aqu\u00ed implica necesariamente conceder cierto grado de privacidad, m\u00e1s que en cualquier otro lugar en el que haya vivido. <\/p>\n<p>En todos los lugares que he alquilado en Londres, he podido escuchar las idas y venidas de mis vecinos.  En el destartalado d\u00faplex de Shoreditch me enter\u00e9 de que a mi vecino le gustaba escuchar la balada de Foreigner de 1984 \u201cI Wanna Know What Love is\u201d mientras limpiaba.  En el sofocante piso superior de Camberwell me enter\u00e9 de lo que gritaban los hermanos de abajo cuando estaban enfadados.  A veces pod\u00eda oler lo que mis vecinos estaban cocinando para la cena: un pollo asado en el horno en Highgate, o un curry hirviendo a fuego lento en la sart\u00e9n en Tufnell Park. <\/p>\n<p>Hay un silo del yo que muchos londinenses aceptan t\u00e1citamente, un compromiso que hacemos entre aferrarnos a la m\u00e1s m\u00ednima parte de nuestra propia humanidad y viajar en una lata de sardinas que se mueve r\u00e1pidamente bajo la superficie de la tierra para ir a trabajar por la ma\u00f1ana. .  Como m\u00ednimo, fingiremos que no podemos vernos.<\/p>\n<blockquote class=\"n-content-pullquote n-content-pullquote--no-image\" aria-hidden=\"true\">\n<div class=\"n-content-pullquote__content\">\n<p>Notar a las personas en p\u00fablico, sus defectos e irritaciones, sus peque\u00f1as bondades instintivas, tambi\u00e9n requiere notar su humanidad.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/blockquote>\n<p>Este no es el \u00fanico intercambio que hacemos para ocupar nuestro lugar en la metr\u00f3polis.  Hay una extra\u00f1a e inc\u00f3moda relaci\u00f3n entre el froideur defensivo del t\u00edpico londinense y la palpable presencia de vigilancia en los espacios p\u00fablicos de la ciudad.  Cuando llegu\u00e9 aqu\u00ed, la vigilancia era un tema candente.  Despu\u00e9s de los disturbios de Londres y el per\u00edodo previo a los Juegos Ol\u00edmpicos de 2012, los sistemas de vigilancia se incrementaron a gran escala, desde esc\u00e1neres biom\u00e9tricos alrededor del Parque Ol\u00edmpico hasta CCTV ampliado en la red de transporte p\u00fablico.  Ese a\u00f1o, las cifras de la polic\u00eda sugirieron que el brit\u00e1nico promedio fue captado por CCTV 70 veces al d\u00eda. <\/p>\n<p>Esta ma\u00f1ana, de camino a la cafeter\u00eda donde a veces trabajo, pas\u00e9 junto a las c\u00e1maras del timbre de mis vecinos.  En el supermercado, me observ\u00e9 en la pantalla encima de la caja de autoservicio.  En el autob\u00fas 43 a casa, me sorprend\u00ed mirando impasible el carrusel de videos de mis compa\u00f1eros de viaje.  Sospecho que ese n\u00famero ahora es mucho m\u00e1s alto que 70.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, las actitudes hacia la vigilancia han evolucionado.  El atractivo de los timbres de video inteligentes radica en los argumentos sobre una mayor seguridad y conveniencia, pero estos pueden ocultar sus efectos m\u00e1s insidiosos.  Las solicitudes de libertad de informaci\u00f3n han demostrado que algunas fuerzas policiales del Reino Unido se han asociado con fabricantes de videoporteros para construir una red de vigilancia de vecindarios desde al menos 2018. La idea es que las calles con suficientes de ellos sean m\u00e1s seguras (aunque las estad\u00edsticas publicadas por las fuerzas policiales en el UU. y analizado por la publicaci\u00f3n tecnol\u00f3gica CNET en 2020 no revel\u00f3 cambios en las tasas fluctuantes habituales de delitos contra la propiedad). <\/p>\n<p>Tal vez sea que los timbres inteligentes ofrecen tranquilidad, una <em>sentimiento<\/em> de seguridad y control.  Pero el precio pagado por esto es un l\u00edmite m\u00e1s suave entre el ciudadano y la polic\u00eda. <\/p>\n<div class=\"n-content-layout\" data-layout-width=\"full-grid\">\n<figure class=\"n-content-picture n-content-picture--wide n-content-layout__container\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/teknomers.com\/es\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/1659166172_516_En-defensa-de-la-gente-mirando.jpg\" data-id=\"https:\/\/api.ft.com\/content\/3330291d-4397-414f-ad27-413fbcbdb096\" data-image-type=\"image\" data-original-image-width=\"2000\" data-original-image-height=\"1333\" aria-hidden=\"true\" alt=\"\" \/><figcaption class=\"n-content-picture__caption\" data-has-caption=\"false\">\u00a9 Brunel Johnson<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<p>Tambi\u00e9n existe otro peligro, que al fortalecer nuestra propiedad privada de esta manera, reforzamos las l\u00edneas que nos separan de nuestros vecinos.  Lo que alguna vez fue una empresa mutua, algo basado en las relaciones entre los miembros de una comunidad, corre el riesgo de ser subcontratado por empresas tecnol\u00f3gicas sin conocimiento ni inter\u00e9s en el tejido social de un lugar.  \u00bfEs esta realmente una manera de vivir juntos?<\/p>\n<p><em>Un cartero con las espinillas bronceadas de un hombre que pasa todo el a\u00f1o al aire libre, deteni\u00e9ndose a la generosa sombra de un pl\u00e1tano cerca de London Fields.<\/em><\/p>\n<p><em>Dos punks Mohawked en Dr Martens y chaquetas de cuero negro <br \/>sentado en la acera de Camden High Street, con un cartel de cart\u00f3n que dec\u00eda &#8220;Ayuda a los punks a emborracharse&#8221;.<\/em><\/p>\n<p>La urbanista de Nueva York Jane Jacobs plante\u00f3 un modelo alternativo para la vida de la ciudad en su libro de 1961 <em>La muerte y la vida de las grandes ciudades americanas<\/em>.  Jacobs, un activista y escritor que viv\u00eda en Greenwich Village en la d\u00e9cada de 1950, se opon\u00eda a los modos de urbanismo de moda de la \u00e9poca, como se ve en el concepto Radiant City de Le Corbusier con sus hileras de bloques de pisos ut\u00f3picos.  Ella estaba a favor de otra forma: el bloque de uso mixto, como el suyo en Hudson Street, donde los residentes viv\u00edan, compraban y, a veces, trabajaban juntos. <\/p>\n<p>Este modelo, dijo, posicion\u00f3 la calle como la parte esencial de la ciudad, un espacio compartido a nivel del suelo donde los vecinos se rozaban y, en cierto modo, se vigilaban unos a otros.  Se refiri\u00f3 a lo que suced\u00eda en su cuadra como el \u201cintrincado ballet de la acera\u201d de la ciudad.  Si las aceras estaban constantemente en uso, argument\u00f3, hab\u00eda \u201cojos en la calle\u201d, para que fuera m\u00e1s segura para todos.<\/p>\n<blockquote class=\"n-content-pullquote n-content-pullquote--no-image\" aria-hidden=\"true\">\n<div class=\"n-content-pullquote__content\">\n<p>Notar a las personas en p\u00fablico, sus defectos e irritaciones, sus peque\u00f1as bondades instintivas, tambi\u00e9n requiere notar su humanidad.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/blockquote>\n<p>Este tipo de vigilancia informal no es solo un baluarte contra el peligro urbano.  Seg\u00fan Jacobs, tambi\u00e9n es una forma de fortalecer el tejido de una comunidad.  Llam\u00e9moslo \u201cobservar a la gente\u201d.  Para diferentes personas en una ciudad, observar a la gente tiene diferentes funciones.  Para m\u00ed, un inquilino que trabaja desde casa, me da un recordatorio muy necesario de que estoy conectado con el resto de Londres. <\/p>\n<p>Para el hombre que trabaja en mi quiosco local, al hablar con la gente que va y viene, recopila informaci\u00f3n sobre nosotros.  y al hacerlo, su tienda se convierte en un punto focal en el vecindario.  Vivo cerca de all\u00ed desde hace tres a\u00f1os y voy all\u00ed no s\u00f3lo para comprar mis peri\u00f3dicos, sino tambi\u00e9n para que me vea.  Si lo hace, me demuestra a m\u00ed mismo que yo tambi\u00e9n soy parte de esta comunidad.  Es una buena sensaci\u00f3n.  Habi\u00e9ndome mudado de casa seis veces en 10 a\u00f1os, soy muy consciente del aislamiento y la soledad que puede engendrar la vida urbana itinerante. <\/p>\n<p>Pero observar a la gente ha sido una constante para m\u00ed durante todo ese tiempo: una peque\u00f1a actividad diaria que me da una sensaci\u00f3n de arraigo.  Me recuerda lo humanos que somos todos y lo conectado que estoy con esos extra\u00f1os que pasan por las mismas calles que yo.<\/p>\n<p><em>En el Museo Brit\u00e1nico, un hombre quemado por el sol con un descolorido suroeste amarillo mira por encima de sus anteojos un par de tablillas asirias.<\/em><\/p>\n<p><em>Un grupo de mujeres con vestidos floreados y tenis blancos formaron un c\u00edrculo de sillas de camping, alfombras de picnic y sudorosas botellas de rosado a la sombra de un cedro en Regent&#8217;s Park.<\/em><\/p>\n<p>Es verano otra vez y los espacios comunes de Londres han cobrado vida, como cada a\u00f1o.  Un trozo de c\u00e9sped que apenas recibe un segundo vistazo en invierno se convierte en un sitio para primeras citas y fiestas de cumplea\u00f1os.  Un banco del parque se convierte en las gradas desde las que se puede ver c\u00f3mo se desarrolla un juego de petanca inusualmente acalorado.  Las ventanas planas se abren y los conductores las bajan, haciendo que los espacios privados de la ciudad sean un poco m\u00e1s porosos que antes. <\/p>\n<p>En un d\u00eda caluroso, termino tratando mi parque local como una extensi\u00f3n de mi propia casa.  Traigo una alfombra y un libro y tal vez una lata fr\u00eda de cerveza de supermercado, sin importarme mucho lo que mis compatriotas londinenses piensen de m\u00ed.  Despu\u00e9s de todo, ellos tambi\u00e9n est\u00e1n haciendo lo mismo.<\/p>\n<p>\u00bfLa gente que mira puede hacerme un mejor londinense?  Ciertamente ayuda a calmar la comez\u00f3n que he tenido desde que me mud\u00e9 aqu\u00ed por primera vez, la curiosidad constante sobre lo que est\u00e1 haciendo la gente que me rodea.  De esa manera, me recuerda por qu\u00e9 vine aqu\u00ed en primer lugar: por oportunidades econ\u00f3micas, claro, pero tambi\u00e9n para formar parte de la oleada de civilizaci\u00f3n que conforma una metr\u00f3polis como esta.  Para ocupar un poco de espacio en la densa red de conexi\u00f3n humana. <\/p>\n<p>Se siente bien recordar esto.  Pero sospecho que tambi\u00e9n tiene un valor moral.  Notar a las personas en p\u00fablico, sus defectos e irritaciones, sus peque\u00f1as bondades instintivas, tambi\u00e9n requiere notar su humanidad.  Y si todos vamos a compartir la placa de circuito enredada de Londres, notarlos significa que tengo que tomar una decisi\u00f3n.  Aqu\u00ed puedo ser un nodo o una terminal: puedo elegir mantener la corriente de la conexi\u00f3n humana, o puedo dejar que se escape.  Pero siempre he sabido cu\u00e1l es mi decisi\u00f3n.  Mantendr\u00e9 mis ojos abiertos. <\/p>\n<p><em>Ana Kinsella es autora de \u201cMira aqu\u00ed: Sobre los placeres de observar la ciudad\u201d (Editorial Daunt Books)<\/em><\/p>\n<p><em>Seguir <\/em><a rel=\"nofollow noopener\" href=\"https:\/\/twitter.com\/FTMag\" target=\"_blank\" data-trackable=\"link\"><em>@FTMag<\/em><\/a><em>  en Twitter para enterarte primero de nuestras \u00faltimas historias<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.ft.com\/content\/98833a5c-771e-4736-a97c-d559467a82c5\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">ttn-es-56<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me mud\u00e9 a Londres hace 11 a\u00f1os en busca de educaci\u00f3n. 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