{"id":1370110,"date":"2024-09-21T07:26:27","date_gmt":"2024-09-21T07:26:27","guid":{"rendered":"https:\/\/teknomers.com\/es\/la-historia-del-almuerzo-de-poder-sin-hombres\/"},"modified":"2024-09-21T07:26:31","modified_gmt":"2024-09-21T07:26:31","slug":"la-historia-del-almuerzo-de-poder-sin-hombres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teknomers.com\/es\/la-historia-del-almuerzo-de-poder-sin-hombres\/","title":{"rendered":"La historia del almuerzo de poder, sin hombres"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"article-body\">\n<p>Mi primera jefa era una de las mejores almorzadoras del mundo. Editora de una revista sobre las industrias del cine, la televisi\u00f3n, la publicidad y los videos musicales en los a\u00f1os 90, una d\u00e9cada en la que se pod\u00eda tener una carrera perfectamente respetable en el mundo audiovisual sin molestarse nunca en producir nada, era una leyenda en el Soho. Me llevaba a almorzar al escondite de bebidas Andrew Edmunds, a la enorme y reluciente megal\u00f3polis de Terence Conran, Mezzo, o a la perfecta instituci\u00f3n Vasco &#038; Piero&#8217;s Pavilion. Adondequiera que \u00edbamos, la recib\u00eda calurosamente, la besaba en el aire y la visitaban las luminarias de la industria desde las mesas circundantes. Mientras regres\u00e1bamos tambale\u00e1ndonos a la oficina, me sent\u00eda introducido en un estilo de vida.<\/p>\n<p>Me ense\u00f1\u00f3 muchas cosas sobre periodismo, pero lo m\u00e1s importante que me ense\u00f1\u00f3 sobre la vida laboral fue que las relaciones perduran y las relaciones que se crean durante el almuerzo perduran durante d\u00e9cadas. El trabajo en televisi\u00f3n se interrump\u00eda entre la 1:00 p. m. y las 3:00 p. m., y poder conseguir una mesa en Sheekey&#8217;s o The Ivy entre esas horas era algo de lo que alardear sin iron\u00eda. Mencionar el nombre del restaurante propuesto era una forma de conseguir una reuni\u00f3n. Una copa de champ\u00e1n para abrir el local y media botella de Chablis eran lo habitual. En retrospectiva, resulta menos misterioso por qu\u00e9 tantas relaciones laborales eran, ejem, problem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>As\u00ed, al principio, la mayor\u00eda de las veces me encontraba en la mesa de los comensales m\u00e1s c\u00e9lebres y automitificados: los hombres de los medios de comunicaci\u00f3n. Invariablemente, mis asistentes me hac\u00edan una reserva a trav\u00e9s de ellos, que insinuaban el inimaginable glamour de su reserva fija en un restaurante de primera categor\u00eda (\u201cSi come los mi\u00e9rcoles, \u00bfen cuatro semanas le convendr\u00e1 el Nobu?\u201d). Yo no ten\u00eda quejas. En mi primer trabajo, en 1995, me pagaban 13.500 libras, pero nadie pesta\u00f1eaba si presentaba una reclamaci\u00f3n de gastos por un almuerzo de 80 libras. Mi respuesta a la pregunta conspirativa \u201c\u00bfEchamos un vistazo al men\u00fa de postres?\u201d era siempre \u201cS\u00ed\u201d, porque as\u00ed pod\u00eda ahorrarme el gasto de la cena. Los hombres de los medios de comunicaci\u00f3n de los a\u00f1os 90 me robaban los cigarrillos y me ense\u00f1aban a beber durante el almuerzo (una vez tuve que ir a la enfermer\u00eda a tumbarme despu\u00e9s de un espect\u00e1culo de tres horas). Aprend\u00ed que era importante luchar para pagar la cuenta (para halagar a un superior), ceder de vez en cuando con cortes\u00eda (\u201cla pr\u00f3xima vez me toca a m\u00ed\u201d), transmitir todos los chismes que recojo, ya que el comercio justo no es un robo, y preguntar siempre por mi mujer y mis hijos. Por supuesto, era una forma rid\u00edculamente ineficiente de hacer negocios. En cierto sentido, eso formaba parte de ello. Todav\u00eda se me eriza la piel de verg\u00fcenza al recordar la vez que hice esperar al controlador de la BBC1 porque estaba atrapado en el tr\u00e1fico y \u00e9l tuvo que comer sopa solo. \u00a1Qu\u00e9 verg\u00fcenza! <\/p>\n<p>Cuando los hombres hablan con nostalgia de los d\u00edas dorados de los almuerzos, los m\u00e1s educados de hoy recuerdan que, por supuesto, eran un club de chicos terribles. Pero solo recuerdan los almuerzos a los que asist\u00edan. A principios del milenio, en todos los medios, las mujeres que romp\u00edan barreras observaban c\u00f3mo lo hac\u00edan los hombres, y es justo decir que estuvimos a la altura del desaf\u00edo. <\/p>\n<p>Tuve la suerte de formar parte de bandas de chicas que ten\u00edan palcos en las carreras de caballos y en los estadios de perros, que iban a jugar al casino del Ritz, que alquilaban habitaciones privadas en el Nobu y el River Caf\u00e9 y mesas especiales en The Wolseley o The Ivy. Eventos en los que ocho o diez de nosotras, desde ministras del gabinete hasta editores de peri\u00f3dicos, pasando por directores de canales de televisi\u00f3n y grandes productoras de televisi\u00f3n, demostr\u00e1bamos que las mujeres se relacionaban con el mismo \u00e9xito a pesar de las enormes cantidades de alcohol y la alegr\u00eda, y que se comportaban igual de mal. Recuerdo haber cantado en p\u00fablico, un incidente en el que dos egos feroces se desafiaron a una pulseada, alguien que demostraba c\u00f3mo se a\u00f1adir\u00eda el lenguaje de signos a la pornograf\u00eda para cumplir con la nueva normativa y la destrucci\u00f3n de un sombrero bastante bonito.<\/p>\n<figure class=\"n-content-image n-content-image--inline\" style=\"width:300px;max-width:100%\" data-component=\"image-set\"><picture><source media=\"(min-width: 700px)\"  width=\"300\" height=\"372\"\/><\/picture><\/figure>\n<p>Hac\u00edamos ruido, pero \u00e9ramos pocas. No fue hasta que me mud\u00e9 a Nueva York en la d\u00e9cada de 2010 que me di cuenta de que las mujeres que hac\u00edan networking durante un almuerzo eran un juego global. Una RRPP tan amable como poderosa organiz\u00f3 un almuerzo de bienvenida en Michael&#8217;s, un restaurante de Manhattan de gran prestigio que ten\u00eda a los presidentes de las cadenas con mesas fijas y en la recepci\u00f3n tuiteaban diariamente listas de los ejecutivos y celebridades que hab\u00edan cruzado el umbral. Ella invit\u00f3 s\u00f3lo a mujeres. Yo era la editora de un sitio web que a\u00fan no se hab\u00eda lanzado y no pod\u00eda entender por qu\u00e9 alguien vendr\u00eda, pero todas terminamos en Page Six, la columna de chismes reinante de Nueva York, as\u00ed que alguien sab\u00eda lo que estaba haciendo. Las invitadas trajeron regalos de pa\u00f1uelos de Diane Von Furstenberg y recomendaciones de peluqueros de cejas. Esto fue un gran paso adelante con respecto a nuestras tradiciones &#8220;femeninas&#8221; en Londres de hermosas notas de agradecimiento escritas a mano en postales art\u00edsticas y el hecho de que realmente record\u00e1bamos los nombres de los hijos de las dem\u00e1s.<\/p>\n<hr\/>\n<p><strong>En Nueva York, reconoc\u00ed<\/strong> que me estaban admitiendo en un lugar donde las reglas eran sutilmente diferentes. La construcci\u00f3n de contactos se basaba en una intimidad r\u00e1pida acelerada por el gasto, pero no necesariamente en la cena. Una vez, un periodista me invit\u00f3 a almorzar, pero comenz\u00f3 dici\u00e9ndome: &#8220;S\u00e9 que vives cerca de m\u00ed y tienes una hija de m\u00e1s o menos la misma edad que la m\u00eda, \u00bfpor qu\u00e9 no las llevamos a las dos a hacerse la manicura y la pedicura?&#8221;. Esa s\u00ed que es una nueva forma de equilibrar la vida y el trabajo.<\/p>\n<figure class=\"n-content-image n-content-image--full\" data-component=\"image-set\"><picture><source media=\"(min-width: 700px)\"  width=\"2525\" height=\"2403\"\/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/teknomers.com\/es\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/1726903586_937_La-historia-del-almuerzo-de-poder-sin-hombres.jpg\" alt=\"Dos vasos sobre un mantel blanco. Uno est\u00e1 vac\u00edo y tiene l\u00e1piz labial en el borde.\" data-image-type=\"image\" width=\"2525\" height=\"2403\" loading=\"lazy\"\/><\/picture><figcaption class=\"n-content-picture__caption\"><span\/><span>\u00a9 Pablo Jeffs Munizaga &#8211; Fototrekking\/Getty Images<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>\u00bfDebemos culpar a Internet o a los presupuestos de la disminuci\u00f3n de las invitaciones a almuerzos? En cierto sentido, Internet separ\u00f3 la publicidad de los medios y, a medida que los ingresos se volvieron program\u00e1ticos, tambi\u00e9n lo hicieron los contactos. Aquellos que me introdujeron ahora est\u00e1n comenzando a irse, muy tristemente, a los grandes almuerzos interminables. Seamos honestos, no es un estilo de vida asociado con la longevidad. <\/p>\n<p>Lo \u00fanico que quedaba eran los almuerzos en los que no me habr\u00edan visto muerta en aquellos tiempos: aquellos en los que se vend\u00edan entradas y que empezaban con las palabras \u201cWomen in\u201d, a menudo organizados por una mujer valiente y de alto rango en una organizaci\u00f3n llena de hombres, que intentaba imitar a los clubes a los que no las invitaban. El problema con estos almuerzos no eran sus intenciones, sino la falta de espontaneidad en la ejecuci\u00f3n. Hay pocas oportunidades de establecer v\u00ednculos en un evento de networking r\u00e1pido. Y, en verdad, las pocas mujeres realmente poderosas en cualquier industria no ten\u00edan disponibilidad entre los eventos de trabajo y la familia.<\/p>\n<p>No quiero negar los beneficios de una red de contactos m\u00e1s formal. Las reglas de acceso a la informalidad son opacas y excluyentes, y no puedo pretender que mi grupo de chicas fuera m\u00e1s reflexivo sobre nuestros diversos privilegios que nuestros hom\u00f3logos masculinos. Recuerdo haber invitado a algunas colegas m\u00e1s j\u00f3venes a comer a un elegante restaurante de Edimburgo para escuchar sus esperanzas y sue\u00f1os, con la esperanza de demostrarles que las consideraba importantes, pero me di cuenta de inmediato de que era demasiado formal y corr\u00ed el riesgo de hacer lo contrario. Es innegable que ahora las mujeres j\u00f3venes pueden expresar sus ambiciones mediante la solicitud de tutor\u00edas y programas de pr\u00e1cticas remuneradas. Sin embargo, nunca superar\u00e9 mi desaprobaci\u00f3n fundamental de un evento serio en el que, despu\u00e9s de una copa de vino blanco caliente, todos intercambian una tarjeta de visita.<\/p>\n<aside aria-labelledby=\"aside-label\" class=\"n-content-recommended--single-story n-content-recommended--inset\" data-component=\"recommended\">\n<p class=\"n-content-recommended__title\">Recomendado<\/p>\n<div class=\"o-teaser o-teaser--article o-teaser--small o-teaser--stacked o-teaser--has-image o-teaser--opinion js-teaser\" data-id=\"f52d3a09-d19f-447e-8c06-4a2be92c4312\">\n<div class=\"o-teaser__image-container js-teaser-image-container\">\n<div class=\"o-teaser__image-placeholder\" style=\"aspect-ratio:3002\/1688\"><img decoding=\"async\" class=\"o-teaser__image\" src=\"https:\/\/teknomers.com\/es\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/La-historia-del-almuerzo-de-poder-sin-hombres.net.jpeg\" alt=\"\"\/><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/aside>\n<p>Cuando invito a la gente a almorzar ahora, se muestran complacidos pero desconcertados. Me siento un poco como si hubiera enviado a un cochero con una tarjeta de visita. Estos d\u00edas brutales de agendas de reservas informatizadas y correos electr\u00f3nicos automatizados son, por supuesto, m\u00e1s eficientes y m\u00e1s democr\u00e1ticos, \u00a1pero qu\u00e9 influencia, se\u00f1oras! La influencia pura de entrar en un &#8220;famoso restaurante en el West End de Londres&#8221; y ser recibida con una copa de champ\u00e1n y un &#8220;Enhorabuena por tu ascenso&#8221;. Nunca sentir\u00edas que est\u00e1s en el club equivocado y tampoco lo sentir\u00eda tu invitado a almorzar. <\/p>\n<p>Excepto, excepto. Tal vez haya otra manera. En un viaje reciente a Manhattan, donde todo sucede primero, un ex colega y experto en redes sociales anunci\u00f3 que los almuerzos, los restaurantes de Midtown y los restaurantes de moda est\u00e1n de regreso, junto con todo lo de los a\u00f1os 90. La conexi\u00f3n personal, el v\u00ednculo \u00edntimo de confesi\u00f3n, la sensaci\u00f3n de orden en un mundo ca\u00f3tico establecido por un ma\u00eetre que sabe tu nombre y qu\u00e9 mesa te gusta, un ant\u00eddoto contra el anonimato y la socializaci\u00f3n en las redes sociales. Qu\u00e9 emocionante y qu\u00e9 alivio.<\/p>\n<hr\/>\n<p><strong>Mi consejo para las mujeres<\/strong> A quien le gustar\u00eda participar en esta tendencia de los a\u00f1os 60, le transmitieron lo siguiente: consolide su cuenta de gastos. Gaste todo su presupuesto en uno o dos restaurantes y esos restaurantes le recompensar\u00e1n su lealtad. Invite a la gente a salir. Hoy en d\u00eda, se puede dividir la cuenta, pero nada dice &#8220;Me gust\u00f3 esto y lo repetiremos&#8221; como &#8220;Puedes hacerlo la pr\u00f3xima vez&#8221;. Forme su propia pandilla. Invite a alguien de su mundo y consiga que un amigo haga lo mismo. No subestime el poder de un peque\u00f1o pecado, ya sea un postre, una bebida o llegar un poco tarde al trabajo, y siempre, siempre, pida patatas fritas para la mesa. <\/p>\n<p>Es poco probable que sea un referente en esta nueva ola de esperanza. El verdadero networking deber\u00eda darse en los veinte, cuando todo est\u00e1 por venir y todav\u00eda se puede tolerar el alcohol antes de las seis de la tarde. Pero si tienes suerte, no solo aprender\u00e1s mucho m\u00e1s sobre tu trabajo, sino que tambi\u00e9n ganar\u00e1s un poco de vida. <\/p>\n<p>El mejor almuerzo de mi vida empez\u00f3 de forma sencilla y directa con una ejecutiva de televisi\u00f3n a la que apenas conoc\u00eda. De alguna manera, a las 5 de la tarde, todav\u00eda segu\u00eda en marcha, mientras el personal que nos rodeaba empezaba a repartir las mesas para el servicio de cena, deteni\u00e9ndose s\u00f3lo para asegurarnos de que, aunque la vida debe continuar a nuestro alrededor, no quer\u00edan que sinti\u00e9ramos que deb\u00edamos entender las indirectas. \u201cNos encanta que sig\u00e1is aqu\u00ed\u201d, nos animaban. Termin\u00f3 a las 7:30 de la tarde, cuando ella me revel\u00f3 que ten\u00eda que ir a cenar con Rupert Murdoch. Sigue siendo mi mejor amiga y madrina de mi hijo, pero ahora almorzamos a nuestro propio ritmo. <\/p>\n<p><em>Janine Gibson es editora de FT Weekend<\/em><\/p>\n<p><em>Seguir <\/em><a rel=\"nofollow noopener\" href=\"https:\/\/twitter.com\/FTMag\" data-trackable=\"link\" target=\"_blank\"><em>@FTMag<\/em><\/a><em>  Para enterarte primero de nuestras \u00faltimas historias y suscribirte a nuestro podcast <\/em><em>Vida y arte<\/em><em>  donde quiera que escuches<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><br \/>\n<br \/><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.ft.com\/content\/67bf6d32-dc6e-4066-95ae-3dbcfaf1a0a5\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">ttn-es-56<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi primera jefa era una de las mejores almorzadoras del mundo. 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