{"id":1370039,"date":"2024-09-21T06:06:21","date_gmt":"2024-09-21T06:06:21","guid":{"rendered":"https:\/\/teknomers.com\/es\/el-matrimonio-incomodo-entre-el-arte-y-el-dinero\/"},"modified":"2024-09-21T06:06:26","modified_gmt":"2024-09-21T06:06:26","slug":"el-matrimonio-incomodo-entre-el-arte-y-el-dinero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teknomers.com\/es\/el-matrimonio-incomodo-entre-el-arte-y-el-dinero\/","title":{"rendered":"El matrimonio inc\u00f3modo entre el arte y el dinero"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"article-body\">\n<p>Mi familia se mud\u00f3 hace poco. Un cambio de domicilio implica mucho trabajo administrativo, una de las tareas era calcular el valor de la colecci\u00f3n de arte que mi marido y yo hemos reunido. Parece probable que estuviera desplazando alguna emoci\u00f3n (dejar nuestro hogar de 14 a\u00f1os no fue f\u00e1cil), pero este ejercicio me hizo filos\u00f3fica. Pod\u00eda enumerar los precios que hab\u00eda pagado por varias obras; pod\u00eda extrapolar sobre el mercado actual del arte consultando los resultados de subastas recientes. Pero \u00bfqu\u00e9 me dec\u00eda eso? La compa\u00f1\u00eda de seguros quer\u00eda saber las cantidades en d\u00f3lares, pero yo estaba atascada en la cuesti\u00f3n m\u00e1s espinosa del valor.<\/p>\n<p>Hace siete a\u00f1os, vi una retrospectiva de la artista Agnes Martin en el Museo Guggenheim de Nueva York. Conoc\u00eda las pinturas minimalistas de Martin, que admiraba, y no estaba preparada para sorprenderme con la exposici\u00f3n, y mucho menos para emocionarme profundamente. Me encanta la experiencia de la comuni\u00f3n con pel\u00edculas, libros, lienzos en la pared, pero rara vez me conmueve, y ciertamente no esperaba llorar por una artista conocida por sus geometr\u00edas geniales. Pero all\u00ed est\u00e1bamos, mi acompa\u00f1ante y yo, contemplando la \u00faltima pintura terminada de Martin con l\u00e1grimas en los ojos. <\/p>\n<p>He intentado darle sentido a mi estado ese d\u00eda. Ten\u00eda hambre, o estaba cansada, o ten\u00eda sed, o alguna combinaci\u00f3n de todo eso: mi diagn\u00f3stico cuando lidiaba con los arrebatos emocionales de mis hijos. Tal vez el edificio de Frank Lloyd Wright tuvo algo que ver, la inclinaci\u00f3n del piso me hizo sentir inestable, la rotonda abierta me hizo sentir mareada. O mi reacci\u00f3n fue puramente emocional: tendr\u00eda que ser de piedra para no sentir nada despu\u00e9s de escuchar los hechos aleccionadores de la vida de Martin. Tal vez todo esto sea cierto, o un factor, de todos modos, en mis l\u00e1grimas. <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es posible que haya experimentado algo demasiado raro en mi vida secular en nuestra cultura profana, llam\u00e9moslo sagrado. Ya es un clich\u00e9 decir que los museos son catedrales modernas, construidas para empeque\u00f1ecer el cuerpo y asombrar los sentidos; vale la pena se\u00f1alar que la contemplaci\u00f3n tranquila de cualquier cosa que no sea mi iPhone se siente profunda, y que el avance que hice por la rampa del Guggenheim fue m\u00e1s bien como la observaci\u00f3n del V\u00eda Crucis del devoto cat\u00f3lico. <\/p>\n<p>Creo que el arte es uno de los \u00faltimos territorios de lo sagrado para m\u00ed, tal vez para la mayor\u00eda de nosotros. El precio de una obra de arte no nos dice nada sobre ella, y no tiene sentido hablar de arte en t\u00e9rminos de d\u00f3lares, euros o yenes, pero tal vez no haya otra m\u00e9trica disponible.<\/p>\n<hr\/>\n<p><strong>La cosa m\u00e1s cara<\/strong> Lo \u00fanico que he comprado en mi vida es un cuadro. Es una obra peque\u00f1a, un peque\u00f1o esfuerzo de uno de los artistas m\u00e1s c\u00e9lebres del mundo. Lo compr\u00e9 en una subasta, gastando mucho m\u00e1s de lo que pretend\u00eda, atrapado por el fervor competitivo, mi deseo por esta obra de alguna manera se aparta de lo que pagar\u00eda por ella, por el pensamiento m\u00e1gico que gobierna la mayor\u00eda de mis compras. La forma en que mi compa\u00f1\u00eda de seguros juzga el valor de este cuadro sin t\u00edtulo es consultando el registro de lo que gast\u00e9 en \u00e9l. Ese es el mercado en pocas palabras: las cosas valen lo que alguien est\u00e1 dispuesto a pagar. <\/p>\n<div class=\"n-content-layout\" data-layout-name=\"auto\" data-layout-width=\"full-grid\">\n<div class=\"n-content-layout__container\">\n<div class=\"n-content-layout__slot\">\n<figure class=\"n-content-image n-content-image--full\" data-component=\"image-set\"><picture><source media=\"(min-width: 700px)\"  width=\"1657\" height=\"2109\"\/><\/picture><figcaption class=\"n-content-picture__caption\"><span>Parte de la colecci\u00f3n de arte de Rumaan Alam&#8230;<\/span><span> <!-- -->\u00a9 David A. Land<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<div class=\"n-content-layout__slot\">\n<figure class=\"n-content-image n-content-image--full\" data-component=\"image-set\"><picture><source media=\"(min-width: 700px)\"  width=\"1657\" height=\"2109\"\/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/teknomers.com\/es\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/1726898781_412_El-matrimonio-incomodo-entre-el-arte-y-el-dinero.jpg\" alt=\"Una habitaci\u00f3n con un escritorio y una mesa en la que hay un ordenador port\u00e1til, fotograf\u00edas y dos l\u00e1mparas, con cuadros en la pared y pilas de libros en el suelo.\" data-image-type=\"image\" width=\"1657\" height=\"2109\" loading=\"lazy\"\/><\/picture><figcaption class=\"n-content-picture__caption\"><span>&#8230; en su casa de Nueva York<\/span><span> <!-- -->\u00a9 David A. Land<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Cuando miro este cuadro, no pienso en ese n\u00famero. Pienso en lo que un genio puede hacer con la pintura, y pienso en la capacidad de ese genio en particular para crear im\u00e1genes que son a la vez horribles y hermosas, y pienso en las manos de ese genio en particular tocando este artefacto que ahora poseo. Pero no soy un asegurador. <\/p>\n<p>Este es el cuadro m\u00e1s caro de nuestra colecci\u00f3n, pero no s\u00e9 si de ah\u00ed se deduce que tambi\u00e9n es el m\u00e1s valioso. Tengo una acuarela enmarcada que pint\u00f3 mi hijo mayor cuando ten\u00eda tres a\u00f1os (benditos sean los profesores Montessori que escribieron la fecha en ella). Es un toque de azul claro y, seg\u00fan el artista, es una ballena. El arte infantil rara vez se parece a lo que se supone que debe representar, pero en este caso, el objeto, tal vez solo por accidente, se parece de verdad a una ballena que salta a la superficie. Obviamente, no hay forma de convertir el valor sentimental en dinero real. <\/p>\n<p>Es un gran privilegio poder gastar dinero en arte, aunque poseo m\u00e1s sentimientos que dinero. Todav\u00eda es posible comprar obras de artistas que est\u00e1n comenzando su carrera, o ediciones de nombres m\u00e1s conocidos en peque\u00f1as casas de subastas, o incluso obras menores de verdaderos maestros. <\/p>\n<p>Pienso en el dinero, porque trabajo con las limitaciones de un presupuesto, pero s\u00f3lo cuando estoy en el acto de la transacci\u00f3n. Entonces me olvido de eso por completo. No puedo, como hizo George Lucas, gastar 15 millones de d\u00f3lares en un cuadro de Robert Colescott. Sin embargo, s\u00ed podr\u00eda gastar el alquiler de un mes en una obra peque\u00f1a y temprana del mismo artista. Vivir con ella me proporciona un placer al que no puedo ponerle precio, aunque mi aseguradora me lo haya pedido.<\/p>\n<hr\/>\n<p><strong>A veces una obra de arte<\/strong> se describe como <em>inestimable<\/em>En mi imaginaci\u00f3n, esto implica m\u00e1s ceros de los que se pueden contar, pero es m\u00e1s preciso decir que, en el arte, los n\u00fameros no son lo m\u00e1s importante. Deber\u00edamos llamar a una obra maestra <em>impagable<\/em> en cambio. <\/p>\n<p>Sin embargo, el dinero es un factor tan esencial de la existencia contempor\u00e1nea que no podemos evitar incluirlo. El dinero limita \u2014aunque no deba hacerlo\u2014 con algunas de las \u00e1reas m\u00e1s serias de la vida. La vida familiar, la fe religiosa y el amor rom\u00e1ntico pueden ser todo lo que nos quede libre de la l\u00f3gica de la compra y la venta. <\/p>\n<blockquote class=\"n-content-pullquote n-content-pullquote--no-image\" aria-hidden=\"true\">\n<div class=\"n-content-pullquote__content\">\n<p>A veces se dice que una obra de arte es &#8220;inestimable&#8221;, pero en el arte, los n\u00fameros no son lo importante. Deber\u00edamos decir que una obra maestra es &#8220;impreciable&#8221;. <\/p>\n<\/div>\n<\/blockquote>\n<p>El mercado del arte es una cosa, pero incluso el impulso de fotografiar o documentar de alg\u00fan modo una visita a un museo, muy com\u00fan en estos momentos, es, creo, una actividad econ\u00f3mica. Recurrimos a nuestros tel\u00e9fonos por una ins\u00edpida necesidad de participar en una cultura demasiado acostumbrada a la conectividad sin sentido, s\u00ed, pero para Instagram, un Pollock o un Van Gogh transforman ese momento de placer en trabajo. Creemos que esto ennoblece, pero lamentablemente es degradante. <\/p>\n<p>No s\u00e9 si es justo considerar la fe como un \u00e1mbito totalmente incorrupto por el dinero; ciertamente es posible enumerar los activos de, digamos, la Iglesia Cat\u00f3lica (algunos de los cuales son lo que llamar\u00edamos <em>inestimable<\/em>). Sin embargo, el arte puede proporcionar un encuentro con lo misterioso, un territorio que bordea lo m\u00edstico. Tal vez por eso, tan a menudo lo encuentro como un b\u00e1lsamo. <\/p>\n<p>Hace apenas unos meses, un d\u00eda que me result\u00f3 personalmente dif\u00edcil, me fui al Museo de Arte Moderno en busca de distracci\u00f3n o consuelo. Vi una exposici\u00f3n de la artista de video y performance Joan Jonas. Pas\u00e9 un tiempo sorprendentemente largo viendo im\u00e1genes en blanco y negro de una performance que hab\u00eda realizado d\u00e9cadas atr\u00e1s, en el entonces desierto bajo de Manhattan. En esos minutos, olvid\u00e9 por completo las preocupaciones que me hab\u00edan llevado al museo en primer lugar.<\/p>\n<hr\/>\n<p><strong>El verano pasado, mov\u00ed algunos hilos.<\/strong> y me invitaron a pasar entre bastidores en la sucursal de Christie&#8217;s en el Rockefeller Center. Estaba escribiendo un libro en el que un personaje, un multimillonario, compra un cuadro de Helen Frankenthaler (no hay ning\u00fan significado m\u00e1s profundo en la elecci\u00f3n de esta artista que el personal, ya que es una de mis expresionistas abstractas favoritas). Quer\u00eda ver las salas a las que a veces se invita a los coleccionistas serios a probar las obras maestras que podr\u00edan comprar. <\/p>\n<p>Un empleado de Christie&#8217;s me condujo por un largo pasillo, abri\u00f3 de par en par unas enormes puertas que conduc\u00edan a unas salas \u00edntimas y silenciosas, con una iluminaci\u00f3n sencilla pero intensa, que no conten\u00edan nada en absoluto. Me pareci\u00f3 que parec\u00edan capillas. Me encant\u00f3 imaginar los Warhols y los Picassos que alguna vez estuvieron all\u00ed, listos para ser inspeccionados. <\/p>\n<p>Mi gu\u00eda pareci\u00f3 sorprenderse al descubrir que la \u00faltima sala a la que entramos no estaba vac\u00eda en absoluto. Seg\u00fan recuerdo, tambi\u00e9n estaba iluminada y silenciosa, pero all\u00ed, en la pared, hab\u00eda un cuadro. Parece algo sacado de una novela, pero es cierto: era de Frankenthaler. Hay muchas palabras aplicables: casualidad, coincidencia, suerte, destino. <\/p>\n<p>Me doy cuenta de que cuando estoy inmersa en la escritura de una novela, surgen resonancias extra\u00f1as en mi vida real. Me sirven una comida como la que imagin\u00e9 o conozco a alguien con el mismo nombre que un personaje que invent\u00e9. No hay un significado m\u00e1s profundo en ello, solo algo gracioso que me ha sucedido con la suficiente frecuencia como para que lo entienda como parte del proceso de escritura de una novela. Tal vez esto tambi\u00e9n sea parte de la experiencia de ver arte. Hay un escalofr\u00edo que no se puede expresar con palabras, una sensaci\u00f3n de reconocimiento o parentesco. <\/p>\n<p>No s\u00e9 qu\u00e9 pas\u00f3 con el Frankenthaler que vi ese d\u00eda. (Christie&#8217;s vendi\u00f3 un Frankenthaler esta primavera por m\u00e1s de cuatro millones de d\u00f3lares, pero ese es un detalle que interesa sobre todo, creo, a las compa\u00f1\u00edas de seguros). Me gusta imaginar a la persona que lo compr\u00f3: que entr\u00f3 en la misma habitaci\u00f3n en la que yo entr\u00e9, que sonri\u00f3 con cierto placer privado al pensar en estar a solas con ese cuadro. Me gusta imaginar que conoc\u00eda y se preocupaba por Frankenthaler, que se sinti\u00f3 tentado de tocar el cuadro, que ten\u00eda preguntas sobre su procedencia, que se acerc\u00f3 lo suficiente al lienzo para oler la pintura.<\/p>\n<p>Me gusta imaginar que ese momento les trajo alegr\u00eda, una alegr\u00eda que sienten cada vez que ven el cuadro, donde sea que hayan elegido colgarlo. No soporto pensar que haya terminado en un trastero o que est\u00e9 colgado en un dormitorio de invitados en una casa de vacaciones que rara vez se visita. Prefiero imaginar que es con alguien que estar\u00eda de acuerdo conmigo en que el valor del arte no es calculable, aunque sea alguien con suficiente dinero para decir algo as\u00ed y que a\u00fan as\u00ed lo tomen en serio. Me gustar\u00eda contarle al due\u00f1o de ese cuadro c\u00f3mo le rob\u00e9 dos minutos a solas con su cuadro, y me gusta imaginar que sabr\u00eda que eso vale todo.<\/p>\n<p><em>La nueva novela de Rumaan Alam, &#8216;Entitlement&#8217;, se publica en Bloomsbury<\/em><\/p>\n<p><em>Ent\u00e9rate primero de nuestras \u00faltimas historias \u2014<\/em> <em>Sigue FT Weekend en <\/em><a rel=\"nofollow noopener\" href=\"https:\/\/www.instagram.com\/ft_weekend\/\" data-trackable=\"link\" target=\"_blank\"><em>Instagram<\/em><\/a><em>  y <\/em><a rel=\"nofollow noopener\" href=\"https:\/\/twitter.com\/ftweekend\" data-trackable=\"link\" target=\"_blank\"><em>inc\u00f3gnita<\/em><\/a><em>y suscr\u00edbete a nuestro podcast <\/em><em>Vida y arte<\/em><em>  donde quiera que escuches<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><script async src=\"\/\/www.instagram.com\/embed.js\"><\/script><br \/>\n<br \/><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.ft.com\/content\/7beeae0d-912d-4e74-8e3f-bd517358d648\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">ttn-es-56<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi familia se mud\u00f3 hace poco. 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