{"id":1323417,"date":"2024-08-18T15:15:18","date_gmt":"2024-08-18T15:15:18","guid":{"rendered":"https:\/\/teknomers.com\/es\/invitado-brillante-lev-leon-tolstoi-logro-que-incluso-personas-a-las-que-no-respetaba-mucho-se-sintieran-a-gusto-corria-el-ano-1897-y-cesare-lombroso-convencido-por-el-calor-de-agosto\/"},"modified":"2024-08-18T15:15:31","modified_gmt":"2024-08-18T15:15:31","slug":"invitado-brillante-lev-leon-tolstoi-logro-que-incluso-personas-a-las-que-no-respetaba-mucho-se-sintieran-a-gusto-corria-el-ano-1897-y-cesare-lombroso-convencido-por-el-calor-de-agosto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teknomers.com\/es\/invitado-brillante-lev-leon-tolstoi-logro-que-incluso-personas-a-las-que-no-respetaba-mucho-se-sintieran-a-gusto-corria-el-ano-1897-y-cesare-lombroso-convencido-por-el-calor-de-agosto\/","title":{"rendered":"Invitado brillante, Lev &quot;Le\u00f3n&quot; Tolstoi logr\u00f3 que incluso personas a las que no respetaba mucho se sintieran a gusto. Corr\u00eda el a\u00f1o 1897 y Cesare Lombroso, convencido por el calor de agosto, accedi\u00f3 a refrescarse en el estanque de la finca. Pero&#8230;"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p><span class=\"first-letter\">q<\/span>Entonces el \u201cle\u00f3n\u201d Le\u00f3n Tolstoi salv\u00f3 a Cesare Lombroso.<\/p>\n<div id=\"wrapper_video_embed\" class=\"player_single_video_component\">\n<div id=\"divVideoPlayer\" class=\"video-sticky-box privacyAccettata\">\n<div class=\"video-sticky-box-inner\">\n<div class=\"video-sticky-box-frame-cont\">\n<div class=\"player player_video_rcs player_shortcode custom-video-sticky\" data-config=\"{&quot;newspaper&quot;:&quot;rcs&quot;,&quot;uuid&quot;:&quot;iodonna-0002191415&quot;,&quot;muted&quot;:true,&quot;blockAdv&quot;:false,&quot;ovlLogo&quot;:false,&quot;autoplay&quot;:true,&quot;watermark&quot;:false,&quot;scale&quot;:&quot;with-parent&quot;,&quot;poster&quot;:{&quot;pre&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;bySelector&quot;,&quot;container&quot;:&quot;.player_preview&quot;,&quot;play&quot;:&quot;.play&quot;,&quot;playByContainer&quot;:true}},&quot;playerPage&quot;:&quot;tvSticky&quot;,&quot;tipo_video&quot;:&quot;articolo_ancorato&quot;}\">\n<div class=\"player_preview\">\n                                    <img decoding=\"async\" class=\"\" alt=\"Libros cl\u00e1sicos: 7 obras fundamentales de la literatura mundial\" title=\"Libros cl\u00e1sicos: 7 obras fundamentales de la literatura mundial\" src=\"https:\/\/teknomers.com\/es\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/El-profesor-de-escritura-creativa-hace-preguntas-extranas-a-sus.webp.webp\"\/>                                    <span class=\"player_button play\"\/>\n                                <\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Su discurso en el Duod\u00e9cimo Congreso M\u00e9dico Internacional en el Gran Teatro de Mosc\u00fa iba a tener lugar el domingo 22 de agosto de 1897. Hab\u00edan acudido m\u00e1s de siete mil oradores de renombre de todo el mundo, entre ellos el psiquiatra italiano Enrico Morselli. <strong>Cesare Lombroso hab\u00eda asistido a un simposio sobre anatom\u00eda y antropolog\u00eda<\/strong>y le esperaba la tarea de presidir la secci\u00f3n dedicada a las enfermedades mentales. Feliz de estar en Rusia y seguro de que ser\u00edan los mejores d\u00edas de su vida, mientras un psiquiatra franc\u00e9s de Nancy le ilustraba las implicaciones del hipnotismo en el campo de la medicina forense, su mente vagaba: <strong>Pens\u00f3 en las palabras del telegrama que acababa de enviar a Tolstoi, pregunt\u00e1ndose si realmente ser\u00edan persuasivas.<\/strong>. Las hab\u00eda escrito de una tacada entre las notas en las que basar\u00eda el discurso final.<\/p>\n<article class=\"id-vda-article box_ed_hp_02-article eltdf-item-space hentry-pos-i hentry-home_section-i post-iiiii post type-post status-publish format-standard hentry\">\n<\/article>\n<p><strong>De pronto surgi\u00f3 en su mente la idea de visitar a aquel genio literario para observarlo en su finca, entre su familia, en sus actividades cotidianas.<\/strong>no planificado, pero la corta distancia de Yasnaya Polyana y la oportunidad favorable, que nunca volver\u00eda a presentarse, lo hab\u00edan puesto en un estado de agitaci\u00f3n. <strong>Podr\u00eda haberlo estudiado de cerca, en ese rostro de rasgos marcados, de ojos ardientes, magn\u00e9ticos,<\/strong> los signos de una degeneraci\u00f3n exaltada y alienada.<\/p>\n<div id=\"attachment_2389447\" data-thumbnail_id=\"2389447\" class=\"wp-caption aligncenter\" style=\"width:714px\"><picture class=\"lozad\"><source  type=\"image\/webp\"><source  type=\"image\/jpeg\"\/><\/source><\/picture>\n<p class=\"wp-caption-text\">Lev Nikol\u00e0evi\u010d Tolst\u00f2j (1828-1910) es autor, entre otras cosas, de Anna Karenina, La muerte de Ivan Ilich, Guerra y paz. Siempre ha vivido en el campo, alejado de la mundanidad. (Im\u00e1genes falsas)<\/p>\n<\/div>\n<p>La respuesta hab\u00eda llegado de inmediato, inesperadamente, y al d\u00eda siguiente, muy temprano, haciendo un descanso en el Congreso, <strong>Lombroso ya viajaba en un tren rumbo a Tula, con poco equipaje<\/strong>. Despu\u00e9s de los 193 kil\u00f3metros previstos, durante los cuales la lectura nunca le hab\u00eda hecho mirar por las ventanillas, hab\u00eda afrontado los catorce kil\u00f3metros restantes en un carruaje peque\u00f1o y desvencijado.<\/p>\n<p>Con el coraz\u00f3n en la boca y el ritmo tranquilo de un sexagenario, camin\u00f3 por la larga avenida de abedules que conduc\u00eda a la casa en lo alto de una colina verde: el paisaje circundante lo tranquiliz\u00f3, incluso redujo el paso. m\u00e1s para disfrutar de la vista de extensos campos de cultivo, bosques de robles, tilos, arces y fresnos que compet\u00edan por hacerse notar. Un inmenso parque fue el lugar elegido por Tolstoi, y antes por sus antepasados, para vivir una vida tranquila en la naturaleza, al menos durante las estaciones c\u00e1lidas, y poder disfrutar de paseos a caballo, caminando o en bicicleta, jugando al tenis, nadando, rel\u00e1jate cortando madera o haciendo botas, antes de encerrarte en el estudio para trabajar tu imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>Un chapuz\u00f3n para refrescarse del calor de agosto<\/h2>\n<p>Un hombre apuesto de unos setenta a\u00f1os, vestido con una t\u00fanica holgada de color \u00e1mbar y suaves botas de cuero oscuro, se acercaba a \u00e9l con una mano extendida, una mano enorme y nudosa. <strong>Los ojos fueron los primeros en imponerse, grises te\u00f1idos de azul, tan penetrantes que detuvieron el paso ahora audaz del amigo italiano.<\/strong>: ojos que emerg\u00edan de una espesa mara\u00f1a blanca de cejas, bigotes y barbas. Era \u00e9l, era imposible equivocarse, hab\u00eda mantenido durante mucho tiempo esa fisonom\u00eda ante sus narices en las im\u00e1genes que le hab\u00edan inspirado la convicci\u00f3n de <strong>una cabeza loca. Loco pero brillante<\/strong>. Los tres surcos en su frente presagiaban conversaciones desagradables, pero estaba preparado para el desaf\u00edo: sab\u00eda a priori que no se pondr\u00edan de acuerdo en materia de delitos, leyes y prisiones.<\/p>\n<p><strong>Despu\u00e9s de apresurados saludos, Le\u00f3n Tolstoi confi\u00f3 el invitado a su esposa, mientras \u00e9l jugaba al tenis con sus hijas.<\/strong> Lombroso tuvo oportunidad de hacerse una idea de la extraordinaria energ\u00eda de aquel hombre mayor, de la resistencia inagotable con la que saltaba y corr\u00eda sobre sus \u00e1giles piernas. La condesa Sof\u00eda lo mir\u00f3 furtivamente y se esforz\u00f3 por entender el franc\u00e9s entrecortado del extra\u00f1o, pero como ten\u00eda modales amables, fingi\u00f3 no darse cuenta de los errores evidentes. Cuando not\u00f3 que su marido, al terminar el juego, mont\u00f3 en su caballo y se uni\u00f3 a ellos en la terraza, sinti\u00f3 alivio del aburrimiento. Los argumentos de Lombroso le interesaban poco o ning\u00fan.<\/p>\n<div id=\"attachment_2389459\" data-thumbnail_id=\"2389459\" class=\"wp-caption aligncenter\" style=\"width:1034px\"><picture class=\"lozad\"><source  type=\"image\/webp\"><source  type=\"image\/jpeg\"\/><\/source><\/picture>\n<p class=\"wp-caption-text\">Tolstoi (1828-1910) tuvo 13 hijos con su madre Sof\u00eda, hija del m\u00e9dico de la corte. (Foto de Fine Art Images\/Heritage Images\/Getty Images)<\/p>\n<\/div>\n<p><strong>Tolstoi, en la silla, sosten\u00eda las riendas de un caballo de estructura \u00e1gil y armoniosa,<\/strong> y ofreci\u00f3 su montura a Lombroso, proponi\u00e9ndole que juntos llegaran a las orillas del r\u00edo Voronka, no muy lejos, para refrescarse del calor de agosto. Lombroso accedi\u00f3 de buen grado, dado que el calor lo hab\u00eda atormentado durante todo el viaje, agobiado por una ropa inadecuada. Despu\u00e9s de asegurar sus caballos, Le\u00f3n Tolstoi se arroj\u00f3 con fuerza al agua: las poderosas brazadas de un experto nadador ya lo hab\u00edan alejado de la orilla, y <strong>Lombroso luch\u00f3 por alcanzarlo, de hecho estaba tambale\u00e1ndose, sin decir una palabra.<\/strong>pero respirando pesadamente. Tan pronto como Tolstoi se dio cuenta de esto, regres\u00f3 y, agarrando al hombre que parec\u00eda caer por el cabello, sujet\u00e1ndolo por los brazos, lo arrastr\u00f3 hasta la orilla. Lombroso se disculp\u00f3, sec\u00e1ndose la cara, calmando su respiraci\u00f3n, permaneciendo sentado en el c\u00e9sped. Una sonrisa no tan disimulada de Tolstoi, que se elevaba sobre \u00e9l, con una especie de superioridad triunfante: sin duda hab\u00eda conseguido un punto a favor en la disputa que los habr\u00eda enfrentado, una vez que se hubieran enfrentado a los graves problemas por los que se enfrentaban. Lombroso hab\u00eda dado lo mejor de s\u00ed a esos kil\u00f3metros de Mosc\u00fa.<\/p>\n<h2>una felicidad sencilla<\/h2>\n<p><strong>En el almuerzo, a pesar de que el escritor era vegetariano, se ofrecieron patas de caza asadas con patatas.<\/strong> El accidente en el agua, el susto, hab\u00edan dado hambre al pobre Lombroso y, para ahorrar aliento y disfrutar de los manjares, encadenaba preguntas a las que estaba seguro de que el due\u00f1o de la casa responder\u00eda extensamente. <strong>No se equivoc\u00f3: Tolstoi se permiti\u00f3 volver a sus recuerdos, agradecido de poder evocar una estaci\u00f3n alegre,<\/strong> viv\u00eda al lado de una t\u00eda especial y de su hermano mayor, personas que, al igual que su madre -hab\u00eda le\u00eddo sus cartas, precis\u00f3, ya que hab\u00eda muerto cuando \u00e9l s\u00f3lo ten\u00eda un a\u00f1o-, nunca juzgaban a nadie, un rasgo noble, y <strong>cultivaron una felicidad nunca ruidosa, una fina sensibilidad para el arte, una imaginaci\u00f3n ferviente, inmune a la vanidad, a la vanagloria.<\/strong>.<\/p>\n<p>Los dos hermanos eran muy cercanos: los peque\u00f1os y redondos ojos de Tolstoi se humedecieron mientras hablaba con fervor. Nik\u00f2lenjka le hab\u00eda confiado un secreto, escrito en una tablilla verde, enterrada al borde del viejo bosque. All\u00ed mismo, en el lugar de la tablilla verde, en la finca Yasnaja Polyana, el escritor ruso esperaba ser enterrado y reunirse con su hermano. <strong>\u201c\u00bfCu\u00e1l fue el secreto?\u201d<\/strong> \u2014pregunt\u00f3 finalmente Lombroso, levantando la vista de su plato. El viejo escritor explicaba que el secreto estaba en la capacidad de las personas buenas de distanciarse de cada problema, de cada tristeza, de cada pelea, de alejar todo sentimiento de ira y, en cambio, abrazar la simple felicidad.<\/p>\n<p><strong>Valentina Fortichiari<\/strong>Apasionada por la nataci\u00f3n y la literatura, debut\u00f3 con <em>Lecci\u00f3n de nataci\u00f3n. Colette y Bertrand,<\/em> verano de 1920 (Guanda). Su \u00faltimo libro es <em>El mar no espera. Viaje emocional a Noruega<\/em> (Oligo).<\/p>\n<h2>Los que nadan son leales y abiertos a la generosidad.<\/h2>\n<p><strong>El escritor ruso Tolstoi practic\u00f3 este deporte incluso a los setenta a\u00f1os,<\/strong> tanto es as\u00ed que tiene un f\u00edsico robusto y endurecido.<\/p>\n<p><strong>La nataci\u00f3n es la \u00fanica actividad que se puede practicar incluso en la vejez, <\/strong>con el paso de los a\u00f1os: el cuerpo no tiene peso en el agua, lo que tambi\u00e9n lo hace apto para ejercicios de rehabilitaci\u00f3n acu\u00e1tica. <strong>El brillante anfitri\u00f3n Lev \u201cLeone\u201d Tolstoi logr\u00f3 que incluso las personas a las que no respetaba mucho se sintieran a gusto.<\/strong>. Corr\u00eda el a\u00f1o 1897, el famoso cient\u00edfico Cesare Lombroso hab\u00eda llegado a su villa de Jasnaja Poljana, a tres horas de viaje de Mosc\u00fa. Convencido por el calor de agosto, el maestro de <em>Guerra y paz<\/em> invit\u00f3 al positivista a refrescarse en el estanque de la finca. <strong>Quiz\u00e1s tambi\u00e9n debido a los numerosos nen\u00fafares que le obstaculizaban, el italiano empez\u00f3 a tambalear<\/strong>. El viejo y vigoroso le\u00f3n viene a rescatarlo. Ahora, con setenta a\u00f1os, Tolstoi se manten\u00eda en forma nadando, jugando al tenis, montando a caballo, caminando y montando en bicicleta: ten\u00eda un f\u00edsico robusto y endurecido. Su generosidad hacia los dem\u00e1s, es decir, no es de extra\u00f1ar. <strong>un compa\u00f1ero de nataci\u00f3n cansado que corr\u00eda peligro de ahogarse y al que r\u00e1pidamente salv\u00f3 de un trago fuerte.<\/strong><\/p>\n<p class=\"all-rights-reserved\">iO Donna \u00a9 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.iodonna.it\/attualita\/storie-e-reportage\/2024\/08\/18\/lev-tolstoj-cesare-lombroso-nuoto-russia\/\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">ttn-es-13<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>qEntonces el \u201cle\u00f3n\u201d Le\u00f3n Tolstoi salv\u00f3 a Cesare Lombroso. 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