{"id":1104033,"date":"2023-12-23T00:03:46","date_gmt":"2023-12-23T00:03:46","guid":{"rendered":"https:\/\/teknomers.com\/es\/del-archivo-escape-de-kuwait\/"},"modified":"2023-12-23T00:03:46","modified_gmt":"2023-12-23T00:03:46","slug":"del-archivo-escape-de-kuwait","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teknomers.com\/es\/del-archivo-escape-de-kuwait\/","title":{"rendered":"Del archivo: Escape de Kuwait"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"article-body\">\n<p><em>Esta historia es parte de la revista FT Weekend. <\/em><em>Problema de archivos<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Nunca pens\u00e9 que me alegrar\u00eda tanto ver la bandera de Arabia Saudita.  Despu\u00e9s de varias horas en el calor abrasador y los vientos arenosos del desierto de Kuwait, mis compa\u00f1eros y yo apenas pod\u00edamos creer que hab\u00edamos llegado a la frontera y escapado de nuestro destino incierto en el Kuwait ocupado por Irak.<\/p>\n<p>Tem\u00edamos que la bandera que vimos ondear en la brisa fuera iraqu\u00ed, pero cuando nos acerc\u00e1bamos al puesto fronterizo pudimos ver que era verde isl\u00e1mico, adornada con la espada saudita y las palabras: \u201cNo hay m\u00e1s Dios que Dios y Mahoma es\u201d. su profeta\u201d.  Nos abrazamos unos a otros y a los soldados sauditas, quienes nos saludaron con amplias sonrisas y nos ofrecieron t\u00e9 dulce y agua fr\u00eda.  \u00c9ramos libres.<\/p>\n<p>La nuestra no fue una huida heroica.  Fue una expedici\u00f3n alocada, marcada por momentos de farsa y de incompetencia que habr\u00edan hecho sonrojar a un Boy Scout.<\/p>\n<p>Sal\u00ed al amanecer desde la comodidad del Holiday Inn con los brit\u00e1nicos Michael Trew y Tony Mustafa de Overseas Financial Services y Hettie Lubberding de la radio holandesa en un Nissan con tracci\u00f3n en las cuatro ruedas alquilado por OFS.<\/p>\n<p>Nosotros y miles de otros refugiados nos hab\u00edamos sentido alentados por las declaraciones emitidas en Radio Bagdad la noche anterior en las que se suger\u00eda que los extranjeros pod\u00edan abandonar el pa\u00eds.  Como enjambres de abejas que intentan escapar de una habitaci\u00f3n cerrada, probamos, a su vez, las carreteras asfaltadas que conducen a cada cruce fronterizo oficial hacia Arabia Saudita.  Primero al sur, luego al suroeste y luego al oeste.  Pero en cada ocasi\u00f3n los controles del ej\u00e9rcito iraqu\u00ed nos hicieron retroceder.<\/p>\n<p>Al regresar desconsoladamente a nuestro hotel, decidimos reconocer una ruta des\u00e9rtica de la que hab\u00edamos o\u00eddo hablar a trav\u00e9s de las arenas del suroeste, para poder organizar una escapada en los d\u00edas venideros con una br\u00fajula, una gu\u00eda, abundante provisi\u00f3n de gasolina y agua. y varios veh\u00edculos con tracci\u00f3n en las cuatro ruedas.  Pasamos por un agujero en una valla al borde de la carretera, pasamos por un barrio de chabolas beduinos y atravesamos una cantera.<\/p>\n<p>Mientras intent\u00e1bamos primero esta pista, luego aquella, pidiendo consejo a cualquiera que vi\u00e9ramos (\u201cGire a la izquierda en el Mercedes blanco abandonado\u201d, dijo un trabajador de una cantera egipcia), comenz\u00f3 a desarrollarse una escena asombrosa.<\/p>\n<p>A unos pocos kil\u00f3metros del desierto a las afueras de Jahra, entre montones de escombros dejados por las empresas constructoras, convoyes de veh\u00edculos que transportaban a indios, filipinos, afganos y egipcios circulaban fren\u00e9ticamente de un lugar a otro en busca de Arabia Saudita. <\/p>\n<p>Decenas de coches quedaron atrapados en la arena blanda.  Recogimos a cuatro egipcios quemados por el sol que regresaban a la civilizaci\u00f3n con sus maletas despu\u00e9s de dejar atr\u00e1s su coche.<\/p>\n<p>Nuestro sentido com\u00fan nos abandon\u00f3 cuando vimos un convoy de trabajadores filipinos hacinados en una abigarrada colecci\u00f3n de camiones y autom\u00f3viles, y supusimos que sab\u00edan ad\u00f3nde se dirig\u00edan. <\/p>\n<p>Los seguimos, pero pronto nos dimos cuenta de que no estaban mejor informados que nosotros.  Joviales soldados iraqu\u00edes en un veh\u00edculo todo terreno nos hicieron retroceder, no para impedirnos salir, sino para devolvernos al camino correcto.<\/p>\n<p>Unos kil\u00f3metros m\u00e1s tarde, est\u00e1bamos m\u00e1s perdidos que nunca y era mediod\u00eda.  La arena azotaba nuestras caras y el sol ca\u00eda a plomo, haciendo imposible navegar sin una br\u00fajula.  En un incidente, una criatura parecida a un jerbo trep\u00f3 por la pernera del pantal\u00f3n de uno de los filipinos.  Pens\u00f3 que era un escorpi\u00f3n y lo aplast\u00f3 hasta matarlo.  Incluso los soldados iraqu\u00edes parec\u00edan una bendici\u00f3n en el desierto.<\/p>\n<p>El p\u00e1nico, al menos para m\u00ed, no estaba muy por debajo de la superficie.  Cada grupo de refugiados, despu\u00e9s de haberse ayudado mutuamente a salir de los montones de arena, ahora empez\u00f3 a sospechar que los dem\u00e1s quer\u00edan robarles el agua o la gasolina.  Los afganos barbudos y los filipinos con pa\u00f1uelos alrededor de la cara de repente parecieron amenazadores.<\/p>\n<p>Decidimos regresar a Kuwait en la que pensamos que era la direcci\u00f3n correcta, pero el paisaje mon\u00f3tono y las hileras de torres de alta tensi\u00f3n en todas direcciones nos confundieron m\u00e1s que nunca.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de unos cientos de metros, decidimos que era una locura dejar a nuestros compa\u00f1eros filipinos y volvimos a buscarlos, pero no los ve\u00edamos por ninguna parte.  De alguna manera un convoy de m\u00e1s de una docena de veh\u00edculos hab\u00eda desaparecido en el desierto, o m\u00e1s bien lo hab\u00edamos perdido.<\/p>\n<p>Fue la comprensi\u00f3n de que la ciudad de Kuwait ser\u00eda tan dif\u00edcil de encontrar como Arabia Saudita lo que nos oblig\u00f3 a proceder con nuestra fuga no planificada.  Nos dirigimos en la direcci\u00f3n general que nos indic\u00f3 un pastor de camellos beduino cuya camioneta hab\u00edamos ayudado a empujar fuera de la arena.<\/p>\n<p>Para entonces, el sol hab\u00eda comenzado a descender ligeramente en el cielo, lo que nos permiti\u00f3 girar en direcci\u00f3n general al suroeste, aunque tem\u00edamos que vir\u00e1ramos demasiado al sur (m\u00e1s hacia el interior de Kuwait) o \u200b\u200bdemasiado al norte (de regreso a una carretera principal sellada). por los iraqu\u00edes).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n estaba quedando claro que el desierto estaba lejos de estar vac\u00edo, una idea reconfortante para los viajeros que carec\u00edan de gasolina y agua.  Adem\u00e1s de los refugiados errantes, las arenas estaban salpicadas de campamentos beduinos, ovejas y ganado vacuno.<\/p>\n<p>Cuando nos acerc\u00e1bamos a la frontera, tripulaciones de tanques iraqu\u00edes nos convocaron a su emplazamiento.  Tem\u00edamos lo peor, pero se limitaron a intercambiar saludos amistosos, nos dieron agua y nos hicieron la pregunta que ahora repit\u00edamos cada cinco minutos: &#8220;\u00bfHacia d\u00f3nde est\u00e1 Arabia Saudita?&#8221;.<\/p>\n<p>Nuestra principal preocupaci\u00f3n ahora era que todav\u00eda podr\u00edamos estar en medio de la nada incluso si encontr\u00e1ramos a Arabia Saudita.  Los beduinos a los que interrogamos en nuestro rudimentario \u00e1rabe eran vagos acerca de qu\u00e9 aldea o ciudad podr\u00edamos encontrar al otro lado.  En un momento la frontera estaba a 30 kil\u00f3metros (18 millas) de distancia, al siguiente estaba a 70 kil\u00f3metros.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando uno de los beduinos dijo \u201ccinco o seis kil\u00f3metros\u201d nuestras esperanzas se dispararon.  La siguiente vez fueron dos kil\u00f3metros, y ah\u00ed estaba delante de nosotros, el puesto fronterizo con su bandera saud\u00ed y un peque\u00f1o arco hacia la libertad. <\/p>\n<p><em>Seguir <\/em><a rel=\"nofollow noopener\" href=\"https:\/\/twitter.com\/FTMag\" data-trackable=\"link\" target=\"_blank\"><em>@FTMag<\/em><\/a><em>  para enterarse primero de nuestras \u00faltimas historias<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><br \/>\n<br \/><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.ft.com\/content\/2057e3a5-2746-496c-bb8d-40d9391e1e6d\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">ttn-es-56<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta historia es parte de la revista FT Weekend. Problema de archivos. 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