La fuerza de un grupo que se ha vuelto especial. El Scudetto es de los que más lo querían

El Milan ha hecho una obra maestra: no gana el que más gasta, sino el que juega mejor y con más ideas

El campeonato del AC Milan es una obra maestra. No era el que más gastaba el que ganaba, sino el que jugaba mejor. No ganaba el equipo favorito, sino el que tenía más ideas. Hay un sabor especial en ganar un campeonato contra viento y marea. Sobre todo, para los rossoneri, ganar al Inter, la otra mitad del cielo milanés, tiene un sabor especial. Es el campeonato de Pioli, muy bueno creando un equipo no perfecto pero unido, que nunca ha perdido el equilibrio en los altibajos de un torneo reñido, difícil y agotador. Una mezcla de experiencia y juventud, técnica y espíritu competitivo impregnada de ese ambiente que impregnan los equipos que logran una hazaña.

Porque este Scudetto es una hazaña: ganaron los que siempre creyeron en él, especialmente los que más creyeron en él. El Inter en el partido de Bolonia, que tuvo que transformar los adelantamientos de virtuales a reales, salió de la carrera por la segunda estrella justo cuando parecía cerca. No pudo levantar los puntos que pesaban el doble. Pero levantó dos copas, no hay que olvidarlo. Pioli le dio a su AC Milan una identidad de grupo, una conciencia de sus propias capacidades que le permitió aguantar las lesiones de Kjaer (baja gravísima), de Maignan, de Giroud, de Ibra, sin dar muy poca vuelta en el campo.

El técnico fue encontrando poco a poco soluciones que, gracias a él, incluso parecían plausibles. Los dos turnos rossoneri, en el derbi de vuelta y en el de ida en Nápoles, tienen la firma de Pioli debajo del resultado. Mejor que Inzaghi y Spalletti en choques directos, mejor manteniendo el coche en la pista incluso cuando, como ocurre con todas las formaciones, derrapa. Si miramos bajo el capó, el motor rossoneri tiene muchos menos caballos que el Inter, la Juve e incluso el Napoli. Para permanecer en la zona del Scudetto durante todo el campeonato, los jugadores del Milan se han superado unos a otros, superando cada uno sus propios límites. Por ejemplo Leao, Theo Hernández, Tonali: en agosto eran promesas dispuestas, hoy por lo menos se duplicó su valoración. Kessie y Bennacer ocuparon el centro del campo decisivo, al igual que Tomori y Kalulu resultaron ser una pareja formidable. Giroud marcó cuando era imprescindible, como se le pide a un delantero centro. Maignan fue el mejor portero de la liga: nadie se arrepintió de Donnarumma ni un minuto.

También en esta actuación súper colectiva está la mano de Pioli. No sé si es un entrenador normal o especial, pero ganó con méritos. Cualquiera que quiera criticarlo al menos reconoce el fruto de su trabajo. Maldini y Massara (muy buen director deportivo, hay que recalcar) son otros dos arquitrabes del campeonato. Maldini defendió a Pioli cuando surgió la hipótesis de Rangnick, transmitió la fuerza de su propia historia a un vestuario con poca historia sobre los hombros. La personalidad, la costumbre del éxito, el ADN del club más europeo del fútbol italiano, con un espectáculo de Champions (siete) en el tablón de anuncios. Todo esto lo encarna Maldini. Un espíritu que junto a la competencia sería una locura perder en el traspaso del club a la nueva titularidad. Singer a través del fondo Elliott ha llevado a cabo su misión cosechando más de lo que había imaginado en la siembra, gracias a Gazidis y Scaroni.

Una contribución importante, que nunca debe olvidarse, la dio en la reconstrucción Zvone Boban, que nunca ha perdido el espíritu del Milán. El Milan ha retomado el escenario italiano, ahora el nuevo accionista debe devolverlo al internacional. Nuestro fútbol necesita el apalancamiento de los grandes clubes para recuperarse y volver a ser protagonista en Europa. Esta temporada hemos visto varios jóvenes notables, mucha voluntad y algunas buenas ideas, que son el auténtico pasaporte de futuro.



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