
El presidente francés Macron y su gobierno se niegan a participar en el “enero seco”, es decir, 31 días sin alcohol, porque “no está en consonancia con la cultura francesa”. Y aquí tampoco todo el mundo ahuyenta la resaca con un mes sin alcohol en sangre. ¿Demasiado difícil, un gran disparate o una violación del derecho a la autodeterminación? Cuatro voces familiares todavía levantan sus copas. “Tengo mis propias reglas con respecto al alcohol y las rompo regularmente”.
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