
“Su paquete será entregado entre las 8:00 a. m. y las 5:00 p. m.”, se lee en el mensaje en letras amenazadoras y negritas en mi pantalla. Mi amigo pidió algunos. Lo maldigo por tener que levantarme tan temprano en mi día libre y estar alerta todo el día por un paquete que no puede ser entregado hasta las 4:59 p.m. Adiós día del pijama. Al final de la tarde suena el timbre, fuerte y urgente como una bocina de gas. Ignoro la promesa que me hice de nunca abrir la puerta con el pelo sucio y en bata de baño. Mi libertad está a la vista. Abro la puerta y el repartidor dice: “¿Te puedo entregar un paquete para los vecinos?”.
Los lectores son los autores de esta columna. Un Ije es una experiencia personal o anécdota en un máximo de 120 palabras. Enviar a través de [email protected]
Una versión de este artículo también apareció en el periódico del 2 de octubre de 2023.
