
Las relaciones tensas no son nada nuevo para el técnico francés: de Roma a Arabia, de Lyon a Marsella, cada vez para él el idilio se desvanece
Hoy Osimhen, ayer Ronaldo. Relaciones rotas y tensiones evidentes, que en el pasado han afectado incluso a presidentes y directores deportivos. Allá vamos de nuevo: si los resultados no llegan, Rudi García tendrá dificultades para mantener el control. Lo vimos en Bolonia, cuando el nigeriano abandonó el terreno de juego arremetiendo públicamente contra su entrenador, y antes en Al-Nassr con CR7. ¿Novedad? No, nadie. En Roma García había roto con Pallotta, en Lille con Thuilot. También en Marsella y Lyon, después de sus excelentes actuaciones europeas, hizo las maletas cuando la situación ya era irrecuperable. El mínimo común denominador es siempre el mismo: objetivos incumplidos y resultados decepcionantes. La presión aumenta y Rudi comete un error.
