
En casa del presidente de Liberia, exdelantero rossoneri: “Recuerdo la remontada de los Scudetti, si crees en un gol y tienes calidad lo vas a conseguir. Quisiera a mi hijo Timoteo en Italia. Y hay una cosa de la final de la Champions que no entendí…”
alláera Springfield, un aeropuerto de vuelos privados: desde allí despegaba a veces George Weah para volver a Europa. Luego hubo escombros, páramos, más y más miseria. Ahora el césped sintético de las canchas de fútbol se extiende sobre el mismo terreno, hay espacios para jugar baloncesto, voleibol y tenis. Hay un gimnasio para hacer ejercicio. Hay hogares para alguien que no lo tenía. George Weah mira a su alrededor con orgullo. “Estos niños que ve jugando pueden estudiar y hacer deporte. Antes no podían”.
