
La prosperidad en Turquía ha aumentado bajo Erdogan, pero el país enfrenta serios dilemas sin resolver. ¿Es hora de una democracia?
Un proceso de paz con los separatistas kurdos no es negociable bajo Erdogan, incluso se desconfía de los nacionalistas kurdos comprometidos. La guerra se está librando en las fronteras, con la propia Turquía luchando contra las milicias kurdas en Siria. El país alberga a unos 4 millones de refugiados, pero tiene al menos un 10 por ciento de desempleo. El terremoto devastó un área del tamaño de Alemania y el costo de la reconstrucción, estimado en el 5 por ciento del PIB, será una piedra de molino alrededor del cuello del gobierno en los años venideros.
En esta difícil situación, Turquía debe elegir lo que quiere ser: un régimen agresivo de un solo hombre, donde la contradicción está ausente y la corrupción crece, o una democracia un poco más lenta, donde la gente puede cuestionar los tabúes nacionales.
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