
Espacio, energía nuclear para la industria, hidrógeno verde, paneles solares y, sobre todo, materias primas críticas para dejar de depender de China: ahora se traza el camino de la cooperación industrial ítalo-francesa, gracias a la hoja de ruta establecida por el Tratado de Quirinale que preveía hoy la primera consulta ministerial para poner por escrito los puntos firmes sobre los que Roma y París trabajarán juntos en los próximos meses, tanto en sus ministerios como en Bruselas.
actúa rápido
El objetivo de los dos países es actuar con rapidez, y de forma coordinada, para responder a los retos más urgentes que están poniendo bajo presión a la industria y la economía europeas: el clima y las transiciones digitales, que ven a países como EE. UU. a la cabeza que ya se han movido con enormes planes de inversión que, combinados, alcanzan los 1,85 billones de dólares.
Europa busca su propio camino, pero sus opciones deben acelerarse y orientarse para que no perjudiquen a nadie. Como podría hacerse, por ejemplo, mediante la flexibilización de la disciplina sobre las ayudas estatales, lo que favorecería a quienes disponen de un mayor espacio fiscal.
Por ello, el ministro de Economía y Soberanía Industrial de Francia, Bruno Le Maire, se reunió con sus colegas italianos a cargo de Economía y Empresas, Giancarlo Giorgetti y Adolfo Urso. Juntos también marcaron puntos firmes sobre las ayudas estatales: “La reforma debe ser focalizada y temporal, y de apoyo a sectores estratégicos”, dijo Urso.
La declaración conjunta
En la declaración de 17 puntos firmada por Urso y Le Maire también se especifican los sectores que recibirán ayudas: solar, eólica, baterías y materias primas críticas. Sobre esto último, además, Le Maire también propuso a su colega italiano participar en el proyecto de “un fondo de inversión público-privado que ha puesto en marcha Francia” con una base de 500 millones de euros, con el objetivo de alcanzar los mil millones de euros.



