
En un cañón submarino frente a la costa de Australia, se produjo un descubrimiento sorprendente a una profundidad de unos 600 metros. Se trata de una larga criatura gelatinosa que cuelga en una espiral gigante. “Era como una cuerda en el horizonte. No te lo podías perder”, dice Nerida Wilson, del Museo de Australia Occidental, al diario británico The Guardian.
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