
De Hamerlanden rastreó las rocas a través de un llamamiento en los medios locales y regionales. “Recibimos muchas respuestas”, dice Andringa. Entre otros por Harm Meertens. “La roca se va, pero yo también me voy. Pronto me mudaré a Rolde con mi esposa”. Esa fue una buena razón para que Meertens le diera a la piedra un nuevo propósito.
