
Créame cuando le digo que no tiene idea de cuán tarde se entregó esta columna. Cuando te digo que actualmente estoy corriendo con el repartidor de periódicos, para garabatear las últimas correcciones en esta oración, no estoy exagerando. Mi propia culpa. Cuando un editor, con una falta total de sentido de la realidad, me preguntó si quería escribir un libro para niños, debí señalar que en toda mi vida aún no he logrado crear algo que parezca un ritmo de trabajo. Cuando entrego una página para este periódico con un día de retraso, los editores extraordinariamente flexibles que trabajan para este medio aún pueden acomodarla. Pero los matemáticos entre ustedes ya habrán calculado que un libro de unas ciento cincuenta páginas se entrega con ciento cincuenta días de retraso.
El gran palo detrás de esta puerta se ve así: el editor ha puesto el libro inexistente en la portada de su folleto de temporada. Está aquí frente a mí para recordarme que las prensas de libros ya se han calentado, las imprentas están esperando junto a sus máquinas, que ya se ha despejado un lugar en el AKO para una pila junto a la caja registradora, que la fila para la firma de libros ya empieza a refunfuñar, y que Humberto Tan ya está revisando sus tarjetas de preguntas. Todos comienzan a barajar con impaciencia y dicen cosas como: “¡Di! ¿Sigue siendo por hoy, señor Van Luyn, o eh…?
Hace ya un año que sabía que si me sentaba durante una hora todos los días, podría haber puesto el auto en punto muerto hace mucho tiempo y dejarlo rodar. Pero ahora que la caca está en camino al ventilador, todas las leyes de la física han sido suspendidas. No sabía que era posible, pero resulta que si simplemente no comes, no bebes y no duermes, no vas al baño, no te lavas, afeitas o vistes, tendrás los pies helados temblando de café por la noche y Red Bull trabaja hasta las cuatro y media, duerme la siesta hasta las siete y vuelve al trabajo, que te puedes concentrar sorprendentemente bien. Muchas cosas suceden durante esas siestas. Colores y formas bailan ante mis ojos, mi cuerpo se vuelve líquido, escucho voces y vivo momentos de éxtasis religioso. Todas aquellas culturas que de vez en cuando tienen una semana de ayuno y vigilias nocturnas aparentemente lo hacen no solo porque tiene que ser ordenado por el Pitufo, sino también porque el Gran Espíritu Puertas de la Percepción luego abrir de par en par.
Mis hijos también aprenden mucho de él, especialmente en el área de la autosuficiencia. Acabo de ver a mi hijo menor pasar arrastrando los pies con ropa muy diferente a la última vez que lo vi, hace unos cinco o seis días. Al menos, creo que era mi hijo, debo confesar que no recuerdo muy bien cómo luce en estos días. Y me parece recordar que de repente una mujer andaba por mi casa, pero claro también pudo ser una fantasía febril.
Llamé al editor de esta revista para explicarle que llegué espectacularmente tarde debido a un libro. ‘Ah’, dijo, ‘es que para el tan esperado ¿Los plazos son realmente lo mío?
