
La inflación en Turquía está impulsada por varios factores. Gran parte de la explicación radica en el debilitamiento de la moneda, la lira. Ha perdido más de la mitad de su valor frente al dólar estadounidense en un año. Además, los aumentos de precios de la energía y las materias primas también juegan un papel, como en otras partes de Europa, después de la invasión rusa de Ucrania.
A pesar de la inflación altísima, la economía turca creció con fuerza en el segundo trimestre. El producto interno bruto (PIB) aumentó un 7,6 por ciento interanual.
A diferencia de muchos otros bancos centrales, el banco central turco no está respondiendo a la alta inflación con subidas de tipos de interés, sino con recortes de tipos de interés. Por ejemplo, la tasa de interés principal se redujo del 14 al 13 por ciento en agosto. Esto está sucediendo bajo la presión del presidente Recep Tayyip Erdogan. Contrariamente a la teoría prevaleciente entre los economistas, él cree que las tasas de interés más altas conducen a precios más altos.
La inflación en Turquía ha sido casi ininterrumpida en dos dígitos desde principios de 2017.

