
No es para apagar el entusiasmo que destilan los programas electorales de estos días, llenos de impuestos que bajan, pensiones que suben, impuestos que desaparecen sobre alimentos y energía y catorceavos que brotan del Estado en las nóminas. Pero hay que recordar que la ley de presupuestos del próximo otoño, el primer compromiso del Gobierno que saldrá de las urnas, tendrá que hacer frente a un contexto económico complicado: que presenta una hipoteca sobre las cuentas de al menos 25.000 millones, compuesta de medidas obligatorias o casi, mientras que la ralentización del crecimiento prevista por todos reduce el margen de maniobra de partida en otros quince mil millones.
La roca de la inflación
El canto rodado que está rodando sobre las cuentas públicas lo produce la inflación, tanto la ya registrada como la que todavía se producirá el próximo año, una vez disipadas las hipótesis iniciales de un rebrote temporal. Desde este punto de vista, la primera señal de un enfriamiento en EE. UU. es poco reconfortante, donde la fiebre de los precios está impulsada por la intensidad de la demanda de bienes y servicios y no por la escasez de oferta como ocurre aquí.
El peso de la indexación de las pensiones
El primer problema, en cualquier caso, es la inflación que ya se ha producido. Que en primer lugar impone la indexación de las pensiones, sobre las que intervino el decreto Aid-bis pero con un anticipo en formato mini, mil millones de euros en total. Parte de este gasto adicional ya está descontado por la evolución de las finanzas públicas, pues el Def de abril calculó para este año una inflación al consumidor del orden del 5,8%. En julio, sin embargo, Istat calculó una tasa del 7,9%, por lo tanto, más de un tercio superior a la cifra del Def. Con ese ritmo, la revalorización podría costar hasta 6.000 millones más de lo previsto: gasto obligatorio, salvo que se deniegue por ley la indexación.
Nuevo contrato estatal por valor de casi 10.000 millones
El costo de vida también multiplica los recursos para la renovación del contrato estatal. Los convenios firmados en los últimos meses corresponden a 2019/21, y para los sectores financiados por el Estado (ministerios, agencias tributarias, organismos públicos no económicos y escuelas) producen un gasto de 3.780 millones al año. Con el índice de precios al consumo que indica el Def, que en todo caso se actualizará al alza en otoño, el nuevo contrato le costaría al Estado algo menos de 10.000 millones. Y de momento, las cuentas públicas sólo prevén 500 millones al año. El retraso en las contrataciones estatales es habitual, por lo que se puede decidir no financiar la totalidad de la renovación en la siguiente maniobra, esperando al último año del trienio para llegar a las renovaciones cuando ya haya vencido el plazo de referencia. Pero incluso si cubrimos solo la mitad de los costos por ahora, como sucedió en el pasado, necesitamos alrededor de 5 mil millones.
Para confirmar el corte de cuña, se necesitan 4.500 millones anuales
Tampoco es obligatorio confirmar el recorte de la cuña fiscal realizado en dos etapas por el gobierno de Draghi. Pero no hacerlo supondría reducir los ingresos de los empleados en una cifra de hasta 220 euros a partir del 1 de enero, y contraviniendo las promesas electorales. La réplica del descuento de cotización del 2% para rentas de hasta 35 mil euros cuesta 4.500 millones anuales.



