
En la parada del tranvía había dos eslingas largas con sudaderas con capucha de ancho en el banquillo. Frente a ellos estaba una anciana con un andador. En mis años en la educación he desarrollado una cierta visión. Con eso miré a los chicos inquisitivamente. Inmediatamente se sentaron y uno dijo: “¡Le preguntamos, pero ella no quiso!”. La señora: “Sabe, si me siento, no puedo levantarme tan rápido como viene el tranvía”.
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Una versión de este artículo también apareció en el diario del 23 de julio de 2022


