
Se lanza un grito de alarma desde el mundo productivo: el sistema de transporte de mercancías (carretera, férrea, marítima) se derrumba. Para las empresas, especialmente las que exportan, el envío de mercancías se está volviendo complicado. Pero también están en riesgo los suministros esenciales de materias primas y productos semiacabados para la industria procesadora italiana.
No es sólo una cuestión de precio, aunque en Italia las tarifas de transporte por carretera han aumentado entre un 20 y un 30 % en los últimos seis meses y las tarifas de flete marítimo se han disparado en el año pasado. Entre las consecuencias más graves de la salida de la pandemia, con la reanudación del tráfico, se encuentran el aumento de los retrasos que se acumulan en la cadena logística y la congestión de las redes viarias y ferroviarias en la mayor parte de Europa, empezando por Alemania. En los puertos marítimos se producen retrasos en las salidas y llegadas de contenedores que viajan en rutas intercontinentales. Antes de la pandemia, el 20% de las mercancías enviadas por mar se retrasaban, en los últimos meses este porcentaje ha llegado al 70%.
Inclinación de carreteras y vías férreas
El transporte terrestre sufre mucho. En estos momentos, el envío de mercancías está en crisis porque el sistema de infraestructuras, viario y ferroviario, es claramente inadecuado para atender la demanda de transporte, que crece a un ritmo en torno al 3% anual. La congestión se ha convertido en la norma. Y no solo en Italia. En toda Europa existen cuellos de botella, atascos, limitaciones a lo largo de carreteras y vías férreas, que provocan graves obstáculos a la circulación de vehículos (camiones, trenes) y retrasos importantes en los plazos de entrega de las mercancías. Además, se anuncian nuevos sitios de construcción.
Los próximos, por ejemplo, serán meses de pasión en la red ferroviaria alemana, por una serie de obras destinadas a trastornar el tráfico norte-sur: en unos días sólo podrá circular el 50% de los trenes. Una emergencia que afectará a los trenes italianos con destino a Alemania y viceversa. En el sector viario, el caso más sensacional se refiere al lado austriaco de la autopista del Brennero, donde las obras de modernización de un puente requerirán el estrechamiento a un solo carril, a partir de 2024 y hasta finales de 2025, durante un largo tramo. Es fácil prever graves consecuencias sobre el tráfico, dado que se trata de un corredor que ya está al límite de su capacidad. Pero sobre todo es el corredor más importante para garantizar el intercambio de bienes entre Italia y Europa, equivalente a 170 mil millones de euros por año.
Camiones en dificultad
Un cuadro que asusta al mundo productivo. Dado que en Italia la mayoría de las mercancías (más del 80%) viajan por carretera y nuestros principales socios comerciales siguen siendo Alemania y Francia, mercados que requieren atravesar puertos alpinos para llegar, el papel del transporte por carretera es crucial. Aquí la situación es paradójica. Así lo explica Thomas Baumgartner, empresario de logística del Tirol del Sur: es presidente de Fercam and Anita, la asociación Confindustria que representa a las empresas de logística y transporte por carretera activas en Italia y en Europa.



