
Los nombres ocupan un lugar fundamental en la percepción pública de los casos de feminicidio. En Francia, muchos de estos casos son nombrados según el apellido del acusado, pero recientes movimientos han comenzado a cambiar esta práctica. El caso de Delphine Jubillar es una clara ilustración de este fenómeno.
La importancia de nombrar correctamente a las víctimas
Recientemente, en la cobertura mediática, se ha empezado a utilizar el nombre de soltera de Delphine Jubillar, Delphine Aussaguel, en lugar de su nombre marital. Este cambio, aunque sutil, tiene un gran significado. Según Muriel Réus, una activista feminista, nombrar a las víctimas de feminicidio por su nombre de nacimiento es “la menor de las restituciones”. Al hacerlo, se evita que la víctima desaparezca nuevamente en la sombra del agresor.
El simbolismo tras el nombre
Muriel Réus resalta que llamar a Delphine por el apellido de su esposo es como otorgarle al agresor un derecho de posesión, incluso después de la muerte. Esta práctica no solo es una cuestión de retórica, sino que también refleja una creencia más amplia en torno a la identidad de las mujeres. En el contexto legal francés, el nombre de nacimiento es un derecho que perdura a lo largo de la vida, a menos que se realice un cambio de estado civil.
Desenfocando al agresor
Hablar continuamente del agresor crea una narrativa que gira en torno a él, en lugar de centrarse en la vida y las historias de las víctimas. Las mujeres, como Delphine, tenían vidas completas, con relaciones sociales y laborales. Al renombrarlas por su apellido de casada, se les niega su identidad y se les reduce a su relación con el agresor.
Un cambio en la sociedad
El cambio hacia el uso del nombre de soltera podría ser un indicio de una transformación más profunda en la sociedad. La comunidad ha comenzado a reconocer la importancia de la visibilidad de las víctimas y de no enmarcarlas únicamente a través de sus agresores. Este impulso por mejorar el tratamiento de los feminicidios también se refleja en el rechazo del término “crimen pasional”, que minimiza la gravedad de estos actos.
La voz de la familia de las víctimas
El abogado de la familia de Delphine, Laurent de Caunes, ha observado que este cambio en el uso del nombre no fue impulsado por la familia, sino que surgió naturalmente en algunos medios. Para la familia de Delphine Aussaguel, ver su nombre asociado a ellos y no al de su asesino es un alivio y una forma de preservar la memoria de su ser querido.
Conclusión
La transformación en cómo se nombran las víctimas de feminicidio es un paso hacia la reivindicación de su identidad y una lucha en contra de la violencia de género. A medida que más personas toman conciencia de esta cuestión, es posible que se produzcan cambios significativos en la forma en que la sociedad aborda estas trágicas historias. Nombrar a Delphine como Delphine Aussaguel no es solo un acto simbólico, sino un movimiento hacia el reconocimiento y la dignidad que cada víctima merece.



