
¿Por qué no existe una frecuencia ideal para hacer el amor?
La pregunta sobre la frecuencia con la que una pareja debería hacer el amor es común y recurrente. Sin embargo, esta inquietud se basa en la creencia errónea de que debe existir una “norma” en la sexualidad. Según la sexóloga Nadia Morand, no hay una cantidad mágica o ideal; cada pareja debe encontrar su propio ritmo.
Las comparaciones y sus efectos negativos
Muchos creen que ajustarse a una media supuesta en cuanto a la frecuencia de las relaciones sexuales solucionará problemas en la pareja. No obstante, esta perspectiva puede ser contraproducente. Morand menciona que “compararse con una norma alimenta la ansiedad, la culpabilidad y el sentimiento de no ser ‘suficientemente bueno'”. Además, se suelen creer que una mayor cantidad de vida sexual puede resolver distintos problemas en la relación.
La frecuencia adecuada varía entre parejas
La verdadera clave está en lo que ambos miembros de la pareja consideren como adecuado. La sexóloga aclara que “la frecuencia correcta de las relaciones sexuales es aquella que satisface a ambos compañeros”. Esto podría ser tan variado como hacer el amor tres veces al día o una vez cada dos años. Lo fundamental es que cada uno esté en sintonía con esa realidad.
Evolución de la frecuencia a través del tiempo
La frecuencia de las relaciones puede cambiar a lo largo de la vida, influenciada por múltiples factores: el estado de salud, el estrés, la llegada de hijos o cambiantes deseos individuales. Lo importante no es seguir un calendario, sino mantener una sexualidad que sea satisfactoria y placentera para ambos.
¿Necesidad o deseo sexual?
A menudo, detrás de la obsesión por la frecuencia, se encuentra el concepto de “necesidad sexual”. Sin embargo, es crucial entender que no hay una necesidad vital de sexualidad. Morand comenta que “es fundamental diferenciar entre necesidad y deseo. Uno no muere por la falta de relaciones sexuales”. Reconocer esta distinción ayuda a liberar a las parejas de las presiones que suelen acompañar la vida sexual.
La calidad sobre la cantidad
Forzar un objetivo en la frecuencia de relaciones sexuales puede resultar perjudicial. Cuando el acto sexual se convierte en una obligación en lugar de un deseo compartido, esto puede generar estrés o incluso coerción entre los miembros de la pareja. También es fundamental evitar patologizar a quienes tienen menos deseo, ya que las diferencias de libido son normales y no necesariamente problemáticas.
Reflexiona sobre tu propia sexualidad
La pregunta correcta no es “¿cuántas veces?”, sino “¿nos sentimos satisfechos con nuestra vida sexual?”. Mientras ambos estén de acuerdo, respetados y contentos, no hay necesidad de alarmarse. La esencia de una vida sexual plena reside más en la calidad de las experiencias compartidas que en la cantidad.
Concluyendo, es fundamental que cada pareja descubra y se comprometa con su propio ritmo, siempre priorizando el entendimiento y el disfrute mutuo.



