
Au sous-sol du bar Zig Zag, situé près du Pont Neuf à Toulouse, un concept innovador a vu le jour : le Chignon Social Club. Ce club peculiar invita a cinco papás a dejar de lado sus malabares cotidianos con balón y pantallas para adentrarse en el arte de la peluquería, aprendiendo a peinar a sus hijas en un ambiente relajado y divertido. La sesión de hora y media tiene un costo de 15 euros, incluyendo una consumición, y se convierte en un espacio ideal para compartir y aprender.
Una experiencia de aprendizaje y conexión
En un ambiente distendido, los padres intercambian risas mientras intentan deshacer los nudos en las cabelleras de maniquíes. Esta no es solo una clase de peinados; es un momento para tejer lazos entre papás que quizás no se conocían, transformando cada trenza en un vínculo más fuerte.
El origen del Chignon Social Club
Stephen Emarin, profesor de inglés y padre de una niña de seis años, es el pionero detrás de esta iniciativa. Frustrado por su incapacidad para aprender a peinar adecuadamente, decidió crear el Chignon Social Club tras observar eventos similares en medios anglosajones. “Quería aprender a hacerlo bien, pero solo encontraba tutoriales poco útiles en YouTube”, confiesa.
Entre los participantes, se encuentra Paul, un ingeniero de 32 años que llegó a la sesión impulsado por los consejos de su esposa. Reconoce que aunque sabe hacer algunas cosas simples, puede mejorar considerablemente para evitar incomodar a su hija. Clément, otro papá, enfatiza que saber peinar a sus hijas no solo es una habilidad, sino una responsabilidad compartida en la crianza.
El proceso práctico
La clase comienza con un quiz previo donde los papás responden preguntas sobre técnicas y utensilios de peluquería. Aunque sus resultados son modestos, el entusiasmo y las ganas de aprender destacan en cada rostro. Con la guía de Chloé Lacroix, los participantes aprenden a deshacer nudos sin causar dolor, así como a hacer coletas básicas.
“El Chignon Social Club no solo se trata de peinados, sino de compartir tiempo con nuestros hijos”, afirma Stephen. “La peluquería puede ser una maravillosa oportunidad para conectarse y conversar”.
Accesibilidad y futuro del club
Con una tarifa de 15 euros por una divertida y educativa sesión, el Chignon Social Club se propone crecer. Tras un exitoso primer evento en mayo y esta segunda edición en el Zig Zag, Stephen aspira a tener sesiones más frecuentes. “La idea es hacer esto varias veces al mes”, asegura.
A medida que los padres ven sus primeras colas de caballo bien logradas, la sonrisa en sus rostros promete un futuro brillante para el club. Así, el Chignon Social Club no solo enseña a peinar, sino que también forja conexiones duraderas y memorias imborrables entre padres e hijas.



