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« Je n’ai pas envie de partager ! » : hacer probar su plato en el restaurante, para ellos, ¡es un no rotundo!
La naturaleza del compartir: ¿un placer o un asco?
En el mundo actual, existen dos tipos de comensales. Por un lado, aquellos que disfrutan compartiendo su comida, y por otro, quienes no permiten que nadie toque su plato. Para personas como Nathalie, de 41 años, compartir es algo natural. “Disfruto de probar las delicias de mi pareja,” dice ella. Sin embargo, para otros, la idea de que alguien pruebe su comida es simplemente inaceptable. “No soporto que me roben un bocado,” expresa Élise, de 31 años, evocando la famosa frase de Joey en “Friends”: “¡Joey no comparte comida!”
Un espacio vital: la comida como refugio personal
El concepto de compartir va más allá de la simple comida; para muchos, hay un aspecto íntimo en su relación con la comida. Élise explica que “cada plato que ordeno es un pequeño placer personal, y no tengo interés en compartirlo”. Esta visión refleja una experiencia común en la infancia: por ejemplo, Philippine, de 30 años, recuerda un entorno familiar donde la comida era un motivo de disputa. “Tenía la sensación de que mi comida era siempre objeto de pelea con mis hermanos,” comenta.
El asco como barrera
La aversión a que otros toquen su comida también puede estar relacionada con factores más psicológicos. Pierre-Henri, de 37 años, confiesa que su aversión hacia los sonidos de la comida y ver a otros comer lo lleva a evitar el contacto con sus platos por precaución. “Me da asco que los cubiertos de otros toquen mi comida, especialmente si se trata de un postre,” añade.
Cambios en la percepción: ¿se vuelve más compartido con el tiempo?
A medida que avanzan en sus relaciones, algunos se vuelven más flexibles. Pierre-Henri menciona que, aunque inicialmente se irrita si su pareja quiere probar su comida, se siente culpable después y le permite hacerlo. “Es algo surrealista, pero así es,” dice riéndose.
La contradicción del compartir
Élise admite que a veces cede y prueba platos ajenos sin que eso le moleste. “Me incomoda que roben de mi plato, pero no me importa probar un poco de lo de otra persona. Es pura egoísmo,” confiesa.
Conclusión: el dilema del compartir en la mesa
En resumen, el acto de compartir comida en un restaurante puede revelar aspectos profundos de cada individuo, desde sus vivencias pasadas hasta sus preferencias actuales. Algunos verán la comida como un espacio íntimo que no están dispuestos a compartir, mientras que otros lo considerarán una experiencia enriquecedora. Como dice Camillia, “esto es mi espacio vital”, y eso es lo que realmente importa al final del día.
*Los nombres han sido modificados.




